25.01.2006 Impresiones

25 enero 2006 en 22:31 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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El tiempo pasa y en estos momentos lo que queda son sólo impresiones. Pero bueno, ahora que estamos más tranquilos disfrutando de los fondeos de estas islas
venezolanas, voy a estrujar un poquito el cerebro para recuperar ese tiempo pasado.
Ya empiezo a recordar y creo que me quedé a la espera del lanzamiento de un cohete en Kourou, lanzamiento que finalmente se retrasó pero no por ello nuestra
partida de aquel país extraño, difícil de entender y terriblemente caro.

De Kourou partimos otra vez hacia Illes du Salut para limpiar el casco y librarlo de toda clase de molusco que lo entorpeciera para su navegación.

 Una vez el casco libre de caracolillo, abandonamos las islas para dirigirnos a Paramaribo (capital de Surinam), país que con tal nombre no se podía dejar de visitar.
La idea inicial era pasar una semana para comprar comida y así seguir rumbo al Caribe pero la semana pasó a ser un mes. Mes fondeado en un pequeño pueblo
(Domburg) provisto de todo lo necesario con 8 barcos más (la mayoría holandeses) con los cuales pasábamos veladas interminables alrededor de una mesa bebiendo cervezas y saboreando platos hindús.

 Todo ello acompañado de pescadores también holandeses que estaban encantados con tanto europeo no vistos hasta la fecha en el río Surinam.
Fue un mes tranquilo en donde la urgencia de sacar el barco del agua para pintarlo, desapareció ya que al estar en agua dulce, todo aquello que llevábamos del mar, murió.

Además al estar en agua dulce, era fantástico poder bañarse a cada momento, limpiar la cubierta, ropa y demás con el agua del río sin preocuparte en el consumo.
Pero volvamos a esas impresiones de lo que ha sido Surinam. Tal vez lo que en su momento me llamó más la atención fue ir remontando el río que entre el silencio del día tranquilo y apacible solo roto por algunos pájaros y por el Talula abriendo el agua en su proa, fue el ir percibiendo a lo lejos música china que iba inundando toda la ribera. Al llegar al fondeo y bajar por primera vez a tierra, mirabas rostros a cada cual más exótico. Rostros asiáticos que compartían el lugar con otros de raza negra. Además si paseabas por la carretera, veías que ésta iba seguida
a sus lados por canales llenos de nenúfares y flores de loto que armonizaban con esas gentes que habían decidido vivir en sus países de origen pero en América. Total, que Surinam es un país donde el contraste racial es sorprendente y su paisaje es básicamente selva amazónica llena de toda clase de aves, flores, árboles y reptiles, surcada por ríos y afluentes siendo esta la vía principal de comunicación.
Pero la llegada a este país no resultó tan armoniosa y tranquila como mis palabras hasta ahora. Desde el mar hasta la desembocadura del río, hay un canal de señalización que te previene de poder quedar embarrancado en medio del mar. El seguir exactamente la ruta marcada era básico ya que fuera de él, la profundidad no superaba a veces el medio metro. Así que empezamos a navegar hacia la entrada sin tener demasiado claro de poder alcanzar nuestro objetivo.
Eso si, de momento nos atravesamos delante de un mercante que le fue de poco para envestirnos.
Al día siguiente intentando fondear fuera del canal (para llegar a nuestro objetivo pasaron más de dos días), y complicándose la maniobra por estropicio del
motor que sube y baja el ancla, repasamos una boya de hierro que nos dejó a Joan Antoni y a mí, con el corazón “partío” y “partía” quedó también un poco la
fibra del Talula. Fibra que se volvió a repasar intentando sacar el barco en un varadero donde habían sacado sólo dos veleros en 10 años y como ya podéis
imaginar, del asunto no controlaban. Una vez “repasada” la fibra y volviendo a fondear el barco fuera del canal y decidiendo que ahí no lo intentábamos dos veces, unos pescadores atravesaron todo el río con su red sin divisar que a lo lejos tenían dos barcos fondeados. Total, que el otro se salvó por centímetros pero a nosotros nos cogió de pleno la red que envolvió todo el barco en pocos
segundos. Los pescadores la fueron recuperando rápidamente y cuando llegaron hasta nosotros, el más joven empezó a amenazar a Joan Antoni con un cuchillo
culpándonos de estar en medio de su red. Joan Antoni más enfadado que impresionado, saltó a su canoa e intentó romperla para podernos liberar de ella
mientras el joven seguía protestando y pidiéndonos dinero por las roturas. Finalmente pudimos librarnos de la red y los pescadores se fueron corriendo detrás de ella ya que al romperla, salió disparada río abajo.
En fin, aventuras que te dejan un mal sabor de boca pero que supongo, forman parte de este viaje.
Y así con el Talula más rallado que antes, partimos de Surinam hacia Tobago con nuevo tripulante que recogimos de la calle con solo un mes y medio, llena
de pulgas y que si no la hubiésemos cogido, hubiera muerto en pocos días por desnutrición o en la cazuela de cualquier familia china.


Tobago no sé si será la isla más bonita del Caribe pero la magia que tiene esta isla, hasta ahora no la he encontrado en ninguna otra. Playas paradisíacas,
aguas que parece aire, peces de mil colores en medio de corales exuberantes, palmerales y arenas blancas en medio de valles llenos de bambú y riachuelos que
afloran por todas partes y que desembocan en las playas haciendo del baño una delicia finalizada con agua dulce. Delicia que sólo duró 10 días ya que
tuvimos que abandonarla para irnos a Trinidad y sacar finalmente ahí el barco del agua.


Trinidad fueron días de 12 horas lijando tapada de arriba abajo siendo las jornadas interminables y tremendamente agotadoras. Pero todo lo que se empieza se acaba y la foto que os enviamos fue justo en el momento que acabábamos de lijar el barco.

 Pero aquí no se acaba todo ya que luego vinieron días de pintura que siempre veíamos amenazados por los constantes aguaceros que iban entrando y que nos hacía temer que cayera justo en el momento menos apropiado, estropeando todo lo pintado.


De allí pasamos a Los Testigos, unas islitas venezolanas paraíso de las aves en donde la tranquilidad fue la nota predominante. Fueron días de baños en aguas más bien fresquitas, paseos por la playa y horas de lectura que fueron muchas ya que  al final, tuvimos días de mucho viento desapacible por lo que la Nochebuena y la Navidad las pasamos prácticamente encerrados en el barco. Al final decidimos cambiar de isla y nos fuimos a Margarita, isla que no destaca ni por sus fondeos ni por su belleza pero si por ser puerto libre en donde la botella de ron cuesta dos euros y la cerveza es más barata que la Coca Cola.
Y ahora estamos en una isla bastante pequeña llamada Cubagua, en la que destacaría su vegetación agreste (llena de cactus por todas partes), pero con playas encantadoras en donde puedes encontrar toda clase de almejas (guacucos y chipi chipis) y sobre todo ostras.
Aunque éstas últimas se precien por aparecer en la guía náutica de Venezuela y no en los fondos marinos de esta isla que es donde corresponde.
La única nota triste de esta isla, es que aquí viven unas cuantas familias cuyos recursos económicos son mínimos por lo que se te hace difícil estar disfrutando de un roncito al atardecer en tú barco y ver a esas pobres gentes pasando hambre. Pero bueno, mañana iré a tierra con comida para los niños y con paracetamol para la abuela ya que hoy se me quejaba del dolor de brazos cuando lava la ropa y
lo bien que le va tomarse luego esa “pastillita” (un paracetamol ) que otro barco le había dado anteriormente.
En fin, realidades e impresiones que vas viviendo a lo largo de este camino y que te enseñan a ver la otra cara de la moneda aunque para nosotros esto sea, como
decía Andrei (un holandés simpatiquísimo que se encontraba también en Domburg) a última hora de la noche y cuando ya nos íbamos todos a descansar a
nuestros barcos y en castellano: “mañana será otro día en el paraíso”.

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