15.09.2009 Llarga nit

15 septiembre 2009 en 15:04 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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No us parlaré del dia d’ahir el qual, a banda d’una fideuà al bar del Port d’Addaia, no va tenir res de particular, sinó de la darrera nit, la qual ha estat llarga i no precisament perquè fos  Nadal. A les Balears som en alerta “taronja” pel risc de pluges fortes; en principi no s’anunciava vent, però mai se sap; per si de cas, ahir vaig posar-me els “patos” per anar a inspeccionar el mort de la boia on som amarrats; no era gran cosa: un bloc de ciment d’uns 100 quilos, aparentment encaixat en el fons de fang i algues; suficient, vaig creure, sempre que el vent no bufes fort. Després de moltes hores amb una atmosfera absolutament en calma, a les hores petites vam començar a escoltar trons: s’acostava una tempesta; vam seguir dormitant amb l’esperança de que no ens passés per damunt, però a les 4:30 era evident que ens l’hauríem de menjar; el vent va pujar, nosaltres ens vam llevar i en pocs minuts vam comprovar com estàvem garrejant, ja que estàvem a punt de xocar contra un grup d’embarcacions les quals, uns minuts abans, estàvem prou lluny. Vam engegar motor i la Laura va córrer cap a proa, on va comprovar que no era que s’haguessin trencat les amarres, sinó que estàvem literalment arrossegant el mort; heroicament va aconseguir lliurar els caps i, entre llamps, trons i aigua que queia a bots i barrals, em va guiar cap una altra boia de fondeig la qual, pel moment, era la nostra única solució; la situació ens recordà molt una tràgica nit a l’illa de Pinos, a prop de la frontera entre Colòmbia i Panamà, on, després que l’àncora garragés, no vam embarrancar pels pèls i vam estar molta estona aguantant el vent a motor i tenint com a única referència un cartell a la platja que, de tant en tant, il·luminaven els llamps. Tornant al present, la nova boia semblava més segura ja que així ens ho havia dit el seu amo, un francès qui, malgrat això, ahir per la tarda la va deixar per anar a cercar la seguretat de la marina. Un cop amarrats, la tempesta ha continuat unes dues hores, durant les quals, xops com ànecs, hem estat de guàrdia per si el vent ens feia traslladar de lloc també aquest nou mort cosa que, afortunadament, no ha passat.

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01.07.2009 En capilla

1 julio 2009 en 15:03 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Y así estamos, esperando con impaciencia para volver al agua. Eso sí, ya tenemos día, será el viernes por la mañana.
Ayer Apo “desenvolvió” al Talula dando por finalizado su trabajo. Alegría, risas, aplausos y bebidas para celebrar el acontecimiento. Apo, con su sonrisa tierna aunque con casi toda la dentadura destrozada (me paso el día regañándole ya que no se cuida nada), se le veía feliz y encantador. La verdad es que en estos momentos y después de haber visto todo el proceso y de la manera tan responsable como lo han hecho, nos sentimos afortunados de que hayan sido Apo e Ibris, las personas encargadas de pintar al Talula. Por cierto, pintura en turco es boya y blanco, beyaz.
Mientras, seguimos haciendo trabajos varios de embellecimiento. Esto es un no parar. Joan Antoni decidió “atacar” a la madera de la bañera y ha cambiado unos cuantos listones de teca que habían en mal estado en la popa. Desde que ha sido nombrado carpintero de ribera, está imparable. Ya veremos resultados en unos días. El sika tarda en curar y de momento, hay toda clase de litros y kilos, encima de la madera haciendo peso.
Así pues, aquí va la foto Talula. No se puede ver muy bien pero prometo muchas más, cuando esté a plena luz y en el carrito de vuelta al agua.
Ole ole mi Talula!!

Ole Talula

Ole Talula

31.07.2008 Adiós Pacífico

31 julio 2008 en 14:13 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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25 de julio. Sentada en el Talula sin poder hacer nada. No para de llover. Lo raro es que en Port Moresby (capital de Papua Nueva Guinea), apenas llueve durante la estación seca. Ha venido con nosotros  y es que la llevamos enganchada como una cometa desde que salimos de Noumea.

Noumea.  Salida el 1 de mayo. Ese día dejamos definitivamente nuestra boya en la bahía de l’Orphelinat para irnos a otra que estaba a sólo 3 millas de distancia. Tuvimos buen viento y todo empezaba bien hasta que el motor se paró justo cuando bajábamos la mayor y decidíamos ir a coger esa boya.  Pequeño susto pero que sin más apuro que el de los vecinos de otras boyas que nos miraban con cara de: y que hacen esos llegando a vela hasta el fondeo? y del meñique del pie izquierdo de Joan Antoni, que se lo puso del revés. Luego fueron dos “cracks” hasta colocarlo en su lugar.

De la isla Mêtre, partimos hacia varios fondeos dentro de Nueva Caledonia. Entre ellos visitamos Ille de Pins y por último Lifou. De la primera recuerdo sus aguas cristalinas, sus rocas en medio de las bahías en forma de champiñones, sus carreteras planas  que nos permitió visitarla íntegramente con las bicicletas, de ese aire entre mediterráneo y tropical tan peculiar de esta isla, de sus pinos y de un pequeño bosque de un kilómetro de largo que parecía sacado de algún cuento de Andersen, de sus fondos marinos, concretamente en Gadji, donde una pared llena de coral de todas las formas y colores, caía en vertical a una profundidad de 15 a 20metros. Me quedé sin aliento.  Y de un tiburón curioso que nos estuvo siguiendo un buen rato hasta que decidió cambiar de rumbo y que también me quitó el aliento durante ese tiempo.

De allí saltamos a Lifou. Al llegar al fondeo, Daniel y Cristine (unos amigos de Noumea), nos  esperaban en la playa. Fue un reencuentro de lo más curioso y divertido. Esta vez  visitamos la isla en el coche de ellos. Desde los peñascos podías ver los fondos del mar pletóricos de toda clase de corales.

Fue un día excepcional. Llegó la noche y esta vez la despedida fue con los pies llenos de arena y empujando el auxiliar para regresar al Talula.

 Hasta ese momento todo fue bien pero al cabo de dos días, el tiempo decidió cambiar y tuvimos que buscar un nuevo fondeo para protegernos de los vientos del oeste que persistían en no dejarnos tranquilos. Fueron dos días de pura agonía. Nos cruzó un frente que nos hizo levantar ancla a las 4 de la madrugada ya que pasamos de estar bien protegidos, a tener toda la mar que se nos echaba encima.  Al mediodía, llegamos a un supuesto fondeo protegido de este viento. No hubo manera. Con el ancla a 20 metros de profundidad en medio de corales, arrecifes a otros 20 metros de nosotros donde el choque del mar contra ellos, hacía que casi casi, la espuma te salpicara a la cara, una ola pequeña y una mar de fondo que nos hizo cabalgar durante toda la noche sin poder pegar ojo y finalmente, una salida otra vez, a marchas forzadas, hacia otra isla situada al oeste. No se pudo. Una mar de gigantes y un viento en contra, hizo que diéramos media vuelta y que pusiéramos rumbo al siguiente país: Vanuatu. Y así con una velocidad de vértigo y planeando sobre las olas, dejamos Nueva Caledonia.

Nos separaban 250 millas de nuestra primera parada: Epi. El viento continuaba soplando del oeste  por lo que era casi imposible encontrar algún fondeo en el que pudiéramos estar tranquilos. Seguíamos sin poder apenas dormir hasta que llegamos a Malecula. Aquí todo cambió: vuelta a la normalidad (vientos del SE) y reencuentro con este maravillo país que personalmente, considero es lo mejor del Pacífico. Vanuatu fue paseos por las islas, intercambio de producto

 manufacturado por frutas y verduras, un mes apenas sin pasar por el banco, de buenas y sabias conversaciones, de gentes orgullosas de su identidad,

de un trato de igual a igual que te hacía todo muy fácil, de una visita a un volcán que le dejó a Joan Antoni sin tres uñas de los pies por no estar acostumbrado a caminar con botas en la isla más mágica de Vanuatu, de un fondeo en una pequeña bahía en la isla de Maewo , rodeado de un precioso pueblo

 y a la popa, una increíble cascada a la que accedías con el auxiliar y que cuando llevabas 5 minutos en ella, estabas rodeado de 10 personas viendo como lavabas

 o te duchabas claro está, con pantalones y camiseta por respeto a ellos y para evitar posibles picadas de mosquitos. Aquí ya estábamos en territorio de malaria. De la asistencia a un acto presidido por el primer ministro de Vanuatu que llegó en una pequeña lanchita y con su maleta ya que debía de pasar aquí la noche.

 De cómo el cocinero nos pedía salsas para acabar la cena que debía de ofrecer a tan ilustre personaje. Del saludo que nos ofreció el  primer ministro y de la ironía de la vida que nos hizo sentir un tanto incómodos ya que todavía no habíamos formalizado la entrada al país (Inmigración y Aduanas estaban en la siguiente isla). De la despedida de Maewo  y salto a Espíritu Santo donde hay una pequeña ciudad que parece el lejano oeste. De un señor con taparrabos y descalzo, comprando en un supermercado de la ciudad. En esta isla, hay tribus en la montaña que apenas han tenido contacto con el hombre blanco. Y de una comida en la isla de Pentecoste con el jefe de la tribu que nos hizo pasar un rato muy agradable y entender un poco más a esta sociedad que viven en plena adaptación con su medio, que son conscientes del cambio climático y que su longevidad es gracias al cultivo de sus propios productos sin ningún tipo de pesticidas ni fertilizantes.

Y así, con este buen sabor de boca, dejamos Vanuatu para visitar las islas Salomón. Aquí fueron 3 semanas donde al llegar a la capital Honiara, descubrimos que llevábamos una pieza del enrollador de génova roto. Tras hacer la entrada a este nuevo país, nos fuimos a un pequeño grupo de islas al norte de Guadalcanal, donde estuvimos unos días disfrutando de sus paisajes aunque no tanto de sus gentes.

Salomon es básicamente Marovo lagoon y Ghizo en nuestro recorrido. El primer lugar es una gran laguna en donde a través de unos canales de aguas no siempre profundas, entras a un nuevo mundo de pequeñas islas con sus poblados, de canoas llenas de artesanía que te invaden durante todo el día,  de aguas de mil matices, de paseos en el auxiliar por medio de canales llenos de coral,

de preguntar cada vez que llegábamos a un nuevo poblado si había cocodrilos o no y de keto keto, último poblado que estaba a 10 metros del Talula y en donde pasamos 3 días que acabó con nuestra paciencia y educación.

No sé qué es lo que les hace tan diferentes estas gentes del resto del Pacífico pero aquí el melanésico intenta sacar el máximo provecho de ti sin dar absolutamente nada a cambio. Desconozco sus códigos y evidentemente, en 22 días poco puedes hacer pero no entiendo a que es debido tanta codicia por parte de ellos cuando su clima hace que la naturaleza sea muy generosa y no necesiten grandes esfuerzos para conseguir alimentos.

Finalmente, después de 3 semanas estresantes ya que las cartas de navegación están llenas de errores, los fondeos profundos y llenos de coral y todas las noches encerrados en el Talula ya que estas islas están llenas de malaria, partimos con un supuesto buen parte hacia el archipiélago de las Louisiades (SE de PNG).

La travesía fue bastante dura. Vientos de 35 nudos sostenidos y una mar que barría el Talula a su antojo rebozándolo todo de sal y a un  Joan Antoni  desquiciado por no saber hacia dónde dirigir al Talula (oficios del capi y el  mío de aguantarlo).

 Fueron tres noches y tres días donde un sarao de isobaras, SCPZ, un alta y una baja, se divirtieron con nosotros.

Llegamos a una isla llamada Pana Kuba. Estábamos destrozados. Hacía un día y medio que no comíamos nada sólido. Esa noche dormimos como reyes.  El fondeo era una laguna entre tres islas. Delante teníamos una islita y toda una barra de arrecifes que conectaba con la otra isla, protegiéndonos de las olas pero permitiendo que entrara el viento.

Louisiades fueron 15 días más de islas llenas de encanto, de murallas de piedra haciendo de guardianes contra las inclemencias del tiempo, de mucha pesca con algún que otro resultado por mi parte, de navegaciones fantásticas con 3 nudos de corriente a favor en algunos tramos y de mucha tranquilidad.

Pero el viaje continúa (debemos de estar en Thailandia en diciembre y aún quedan muchas millas por delante) y después de dos días de navegación con puntas de 9 nudos de velocidad (nunca visto hasta ese día en el Talula), llegamos a Port Moresby aunque ese último día, amaneció torcido.

La noche anterior, una invasión de piqueros, intentaban ponerse en el Talula. Unos giraron el windex  y otro dejó la placa solar a rebozar de excrementos. Yo tonta de mí, cómo se pudo colocar en la placa pensé: mira éste, ya está colocado, ya no molestará. Y al día siguiente, al encender el motor, éste se paró. Otra vez el corazón en un puño y a sólo 13 millas de la entrada por una gran barrera de arrecifes. Hubo suerte y descubrimos rápidamente el problema. La angustia sólo duró media hora.

Y ya aquí en Port Moresby, estamos  reclutados en una  marina que es una burbuja de australianos, esperando que nos traigan un repuesto.

La marina es increíble y sus gentes aún más. El otro día,  un miembro del Royal Papua Yacht  Club que es cónsul honorífico de Austria, nos acompañó por todas partes ya que necesitábamos hacer unas cuantas gestiones. El hombre nos explicó que disparó y mató a un tipo que pretendía entrar en su casa (todavía no lo había conseguido) y dicho acto, no supuso preguntas “indiscretas” por parte de la policía. Joan Antoni y yo en un “cacho” mercedes con el “cónsul honorífico” en cuestión, no sabíamos que hacer o decir mientras él nos explicaba esta historia sin alterar por ello ni un milímetro el pulso de sus manos o el timbre de su voz.

La ciudad tiene 700.000 habitantes y el 96% está sin empleo. A todas partes debes de ir con taxi. Al menos es lo que te recomiendan hasta la saciedad las chicas de recepción.  Se imaginan la provocación que supone ser un blanquito turista con cara aturdida, gorrito para el sol y bermudas?. Es difícil entender pero hay que ver para creer lo que pasan éstas gentes.

Esperemos que la pieza llegue pronto de Australia y que Talula vuelva a la mar en dirección esta vez a Indonesia dejando finalmente el Pacífico para dar paso al Indico,

 Talulas

22.12.2004 La Palma

22 diciembre 2004 en 18:35 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Continuamos en Canarias y esta vez en “la isla bonita” como dicen aquí los nativos de La Palma, isla que realmente recomiendo que visitéis por su gran belleza y diversidad climática. Pero bueno, antes de hablaros de La Palma, me iré a Gran Canaria que es de donde escribí la última crónica. Pues bién, después de dos semanas de estancia en Las Palmas y reparando 80.000 cosas del Talula, partimos una madrugada a eso de las 4 am rumbo a Tenerife. La verdad es que las salidas nocturnas siempre son un tanto estremecedoras y aún más cuando se une una mar de fondo de considerable altura y un primer trayecto de ceñida con un vientecillo más o menos fuerte. Pero bueno, una vez empieza a amanecer, las cosas se ven  de otra manera. Y es cuando decides ir al baño. Y sin venir a cuento, te inicias en el fantástico mundo del vómito. Pues lo dicho, yo tan valiente y a falta de orinal en la bañera (hasta la fecha llevábamos una garrafa de agua que en la última travesía se la llevó una ola), me fui al lavabo. Con un viento de través de
puntas de 30 nudos y unas olas de 3 a 4 metros, se me giró la cabeza allá dentro y empezó mi agonía y mi estreno……vaya horror Dios. Pero eso no fue lo peor
ya que mientras agonizaba en un lateral del salón, la col asesina se me tiraba encima desde la red de las verduras y me caía justo encima de la barriga. Pero
bueno, finalmente y tal como íbamos llegando a Tenerife, la mar se iba calmando cosa que me hizo coger fuerza para salir disparada hacia la cubierta y observar el perfil de la isla que en un principio me pareció de lo más exótica y que me recordaron a las fotos de Jota de las islas del Pacífico.
Y qué decir de Tenerife, pues la verdad que a diferencia de Gran Canaria (la cual tampoco pude visitar a fondo pero lo que ví no me entusiasmó), es una isla amable y también con micro climas bastante diferenciados. La parte norte (personalmente la más bonita), tiene gran cantidad de acantilados.

 En el centro está el Teide con todo su parque más bién árido y de zonas

claramente volcánicas que cuando visitamos estaba llenito de nieve. Luego, antes de llegar a la parte alta, están los valles que son pinares de gran belleza y con rovellons que pudimos conseguir y deleitarnos luego con una picadita de ajo y perejil. Y el sur que es la zona más soleada y tal vez la menos representativa de la isla.
Aquí tuve la suerte de encontrarme con Pili, una ex compañera de piso que había venido a visitar a su familia. Con ella y con el resto de la familia, nos fuimos un domingo de excursión para conocer el sur y una parte del norte de la isla, día que por cierto, apenas vimos nada, pero entretenido, surrealista y accidentado lo fue totalmente. Total que cuando íbamos por el sur (zona donde nunca llueve), diluvió de tal manera, que por las carreteras iba el agua como si fueran torrentes y la espesura era tal, que no se veía absolutamente nada. Así que “los gigantes”, unos acantilados de 500 metros, no se pudieron ver de ninguna de las maneras. Y para finalizar y buscando una lugar para comer, pinchamos en medio del diluvio.
El pobre Jacinto (papá de Pili) empapado y un poco nervioso ya que la rueda de recambio estaba deshinchada, pudo llegar a una gasolinera y solucionar el problema mientras el resto nos quedamos en una parada de autobús empapados y muertos de frío. Pero bueno, al menos cuando conseguimos llegar a la parte
norte de la isla, el sol empezó a salir mientras nos dirigíamos a Garachico, un pueblecito encantador con unas piscinas naturales en las que Joseph, Pili y la
mama, se dieron un buen baño y retozaron felizmente como niños, acabando el día, delante de una rueda de churros y un chocolatito bién caliente.
Y lo dicho, ahora estamos en La Palma, una isla que en su parte sur es volcánica con lenguas de lava solidificada de la última erupción que hubo en el
1971, en el norte zona de acantilados, de carreteras estrechísimas y abundante vegetación y en el centro está la Caldera de Taburiente, que por desgracia no
hemos podido ver ninguno de los días ya que está totalmente tapado por la niebla y en la que hoy mismo (en el último intento), estaba incluso absolutamente
todo congelado.

Y aquí, y paseando por Santa Cruz de la Palma, Joan Antoni se encontró por casualidad con un conocido con el que nos fuimos a tomar unas cervezas y a cenar. Imaginaros, padre, madre y 4 niños de 7/8 años a 13 que se van hacia Ciudad del Cabo desde aquí Las Palmas. La travesía durará de 25 a 40 días acercándose primero bastante a Brasil para luego hacer un bordo hacia Ciudad del Cabo, vaya como quién dice, harán casi dos veces el Atlántico. Y bueno, ya os podéis imaginar la cena, anécdotas por aquí, anécdotas por allá, que si se me cayó un niño al agua, que si mi primer hijo nació en Lanzarote, el segundo en Tenerife, el tercero en Perú, el cuarto no me acuerdo y el quinto en Barcelona…..que si en Brasil varamos en una playa y nos ayudó luego todo el pueblo….y así hasta las mil. Noche divertida y entrañable. Tal vez sea lo mejor de este viaje, conocer gente y cada una de ellas con su historia y su proyecto de vida.
Bueno, creo que por hoy ya tengo suficiente y vosotros también, aunque me queda deciros la llegada a esta isla. En un principio entramos en el puerto de Santa
Cruz de La Palma. Aquí no hay marinas, así que intentando cogernos a una boya y sin demasiadas posibilidades de éxito ya que no había sitio, enganchamos la hélice con un cabo. Ya os podéis imaginar la situación, jota en el agua cortando el
cabo y yo peleándome con el Talula ya que teníamos al lado a un catamarán que se nos pegaba y la cosa se ponía un poco fea. Cuando jota logró cortar el cabo e
intentando recuperar fuerzas y aire, echamos el ancla para descansar y pensar que íbamos a hacer, total que cuando la levantamos, se nos engancha a otro muerto. Al menos éste con el bichero lo pudimos apartar, pero yo ya estaba harta de este lugar así que nos fuimos a un puerto pesquero al otro lado de la isla. Nos fuimos ya con el miedo en el cuerpo, sabiendo que en el otro lugar sería parecido a este y con la preocupación de que faltaban 30 millas, eran las dos de la tarde y
queríamos llegar de día. Pues bién, el objetivo se alcanzó ya que Talula volaba por encima de las olas haciendo puntas de 10 nudos y  al final, sin poder comunicar con nadie del puerto, pudimos atarnos a unas boyas, inflar el dingui y bajar a tierra.
Pues bueno, lo dicho, os dejo esperando que paséis unas fantásticas navidades en compañía de vuestra familia y que bueno, lo de siempre, ser buenos,
felices y no me comáis mucho que luego…..un besazo y hasta pronto
Laura


PD: la siguiente crónica ya será desde Senegal así que desearme suerte ya que será una travesía de 7 a 10 días……ayyy, ya me coge dolor de barriga.

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