31.07.2008 Adiós Pacífico

31 julio 2008 en 14:13 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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25 de julio. Sentada en el Talula sin poder hacer nada. No para de llover. Lo raro es que en Port Moresby (capital de Papua Nueva Guinea), apenas llueve durante la estación seca. Ha venido con nosotros  y es que la llevamos enganchada como una cometa desde que salimos de Noumea.

Noumea.  Salida el 1 de mayo. Ese día dejamos definitivamente nuestra boya en la bahía de l’Orphelinat para irnos a otra que estaba a sólo 3 millas de distancia. Tuvimos buen viento y todo empezaba bien hasta que el motor se paró justo cuando bajábamos la mayor y decidíamos ir a coger esa boya.  Pequeño susto pero que sin más apuro que el de los vecinos de otras boyas que nos miraban con cara de: y que hacen esos llegando a vela hasta el fondeo? y del meñique del pie izquierdo de Joan Antoni, que se lo puso del revés. Luego fueron dos “cracks” hasta colocarlo en su lugar.

De la isla Mêtre, partimos hacia varios fondeos dentro de Nueva Caledonia. Entre ellos visitamos Ille de Pins y por último Lifou. De la primera recuerdo sus aguas cristalinas, sus rocas en medio de las bahías en forma de champiñones, sus carreteras planas  que nos permitió visitarla íntegramente con las bicicletas, de ese aire entre mediterráneo y tropical tan peculiar de esta isla, de sus pinos y de un pequeño bosque de un kilómetro de largo que parecía sacado de algún cuento de Andersen, de sus fondos marinos, concretamente en Gadji, donde una pared llena de coral de todas las formas y colores, caía en vertical a una profundidad de 15 a 20metros. Me quedé sin aliento.  Y de un tiburón curioso que nos estuvo siguiendo un buen rato hasta que decidió cambiar de rumbo y que también me quitó el aliento durante ese tiempo.

De allí saltamos a Lifou. Al llegar al fondeo, Daniel y Cristine (unos amigos de Noumea), nos  esperaban en la playa. Fue un reencuentro de lo más curioso y divertido. Esta vez  visitamos la isla en el coche de ellos. Desde los peñascos podías ver los fondos del mar pletóricos de toda clase de corales.

Fue un día excepcional. Llegó la noche y esta vez la despedida fue con los pies llenos de arena y empujando el auxiliar para regresar al Talula.

 Hasta ese momento todo fue bien pero al cabo de dos días, el tiempo decidió cambiar y tuvimos que buscar un nuevo fondeo para protegernos de los vientos del oeste que persistían en no dejarnos tranquilos. Fueron dos días de pura agonía. Nos cruzó un frente que nos hizo levantar ancla a las 4 de la madrugada ya que pasamos de estar bien protegidos, a tener toda la mar que se nos echaba encima.  Al mediodía, llegamos a un supuesto fondeo protegido de este viento. No hubo manera. Con el ancla a 20 metros de profundidad en medio de corales, arrecifes a otros 20 metros de nosotros donde el choque del mar contra ellos, hacía que casi casi, la espuma te salpicara a la cara, una ola pequeña y una mar de fondo que nos hizo cabalgar durante toda la noche sin poder pegar ojo y finalmente, una salida otra vez, a marchas forzadas, hacia otra isla situada al oeste. No se pudo. Una mar de gigantes y un viento en contra, hizo que diéramos media vuelta y que pusiéramos rumbo al siguiente país: Vanuatu. Y así con una velocidad de vértigo y planeando sobre las olas, dejamos Nueva Caledonia.

Nos separaban 250 millas de nuestra primera parada: Epi. El viento continuaba soplando del oeste  por lo que era casi imposible encontrar algún fondeo en el que pudiéramos estar tranquilos. Seguíamos sin poder apenas dormir hasta que llegamos a Malecula. Aquí todo cambió: vuelta a la normalidad (vientos del SE) y reencuentro con este maravillo país que personalmente, considero es lo mejor del Pacífico. Vanuatu fue paseos por las islas, intercambio de producto

 manufacturado por frutas y verduras, un mes apenas sin pasar por el banco, de buenas y sabias conversaciones, de gentes orgullosas de su identidad,

de un trato de igual a igual que te hacía todo muy fácil, de una visita a un volcán que le dejó a Joan Antoni sin tres uñas de los pies por no estar acostumbrado a caminar con botas en la isla más mágica de Vanuatu, de un fondeo en una pequeña bahía en la isla de Maewo , rodeado de un precioso pueblo

 y a la popa, una increíble cascada a la que accedías con el auxiliar y que cuando llevabas 5 minutos en ella, estabas rodeado de 10 personas viendo como lavabas

 o te duchabas claro está, con pantalones y camiseta por respeto a ellos y para evitar posibles picadas de mosquitos. Aquí ya estábamos en territorio de malaria. De la asistencia a un acto presidido por el primer ministro de Vanuatu que llegó en una pequeña lanchita y con su maleta ya que debía de pasar aquí la noche.

 De cómo el cocinero nos pedía salsas para acabar la cena que debía de ofrecer a tan ilustre personaje. Del saludo que nos ofreció el  primer ministro y de la ironía de la vida que nos hizo sentir un tanto incómodos ya que todavía no habíamos formalizado la entrada al país (Inmigración y Aduanas estaban en la siguiente isla). De la despedida de Maewo  y salto a Espíritu Santo donde hay una pequeña ciudad que parece el lejano oeste. De un señor con taparrabos y descalzo, comprando en un supermercado de la ciudad. En esta isla, hay tribus en la montaña que apenas han tenido contacto con el hombre blanco. Y de una comida en la isla de Pentecoste con el jefe de la tribu que nos hizo pasar un rato muy agradable y entender un poco más a esta sociedad que viven en plena adaptación con su medio, que son conscientes del cambio climático y que su longevidad es gracias al cultivo de sus propios productos sin ningún tipo de pesticidas ni fertilizantes.

Y así, con este buen sabor de boca, dejamos Vanuatu para visitar las islas Salomón. Aquí fueron 3 semanas donde al llegar a la capital Honiara, descubrimos que llevábamos una pieza del enrollador de génova roto. Tras hacer la entrada a este nuevo país, nos fuimos a un pequeño grupo de islas al norte de Guadalcanal, donde estuvimos unos días disfrutando de sus paisajes aunque no tanto de sus gentes.

Salomon es básicamente Marovo lagoon y Ghizo en nuestro recorrido. El primer lugar es una gran laguna en donde a través de unos canales de aguas no siempre profundas, entras a un nuevo mundo de pequeñas islas con sus poblados, de canoas llenas de artesanía que te invaden durante todo el día,  de aguas de mil matices, de paseos en el auxiliar por medio de canales llenos de coral,

de preguntar cada vez que llegábamos a un nuevo poblado si había cocodrilos o no y de keto keto, último poblado que estaba a 10 metros del Talula y en donde pasamos 3 días que acabó con nuestra paciencia y educación.

No sé qué es lo que les hace tan diferentes estas gentes del resto del Pacífico pero aquí el melanésico intenta sacar el máximo provecho de ti sin dar absolutamente nada a cambio. Desconozco sus códigos y evidentemente, en 22 días poco puedes hacer pero no entiendo a que es debido tanta codicia por parte de ellos cuando su clima hace que la naturaleza sea muy generosa y no necesiten grandes esfuerzos para conseguir alimentos.

Finalmente, después de 3 semanas estresantes ya que las cartas de navegación están llenas de errores, los fondeos profundos y llenos de coral y todas las noches encerrados en el Talula ya que estas islas están llenas de malaria, partimos con un supuesto buen parte hacia el archipiélago de las Louisiades (SE de PNG).

La travesía fue bastante dura. Vientos de 35 nudos sostenidos y una mar que barría el Talula a su antojo rebozándolo todo de sal y a un  Joan Antoni  desquiciado por no saber hacia dónde dirigir al Talula (oficios del capi y el  mío de aguantarlo).

 Fueron tres noches y tres días donde un sarao de isobaras, SCPZ, un alta y una baja, se divirtieron con nosotros.

Llegamos a una isla llamada Pana Kuba. Estábamos destrozados. Hacía un día y medio que no comíamos nada sólido. Esa noche dormimos como reyes.  El fondeo era una laguna entre tres islas. Delante teníamos una islita y toda una barra de arrecifes que conectaba con la otra isla, protegiéndonos de las olas pero permitiendo que entrara el viento.

Louisiades fueron 15 días más de islas llenas de encanto, de murallas de piedra haciendo de guardianes contra las inclemencias del tiempo, de mucha pesca con algún que otro resultado por mi parte, de navegaciones fantásticas con 3 nudos de corriente a favor en algunos tramos y de mucha tranquilidad.

Pero el viaje continúa (debemos de estar en Thailandia en diciembre y aún quedan muchas millas por delante) y después de dos días de navegación con puntas de 9 nudos de velocidad (nunca visto hasta ese día en el Talula), llegamos a Port Moresby aunque ese último día, amaneció torcido.

La noche anterior, una invasión de piqueros, intentaban ponerse en el Talula. Unos giraron el windex  y otro dejó la placa solar a rebozar de excrementos. Yo tonta de mí, cómo se pudo colocar en la placa pensé: mira éste, ya está colocado, ya no molestará. Y al día siguiente, al encender el motor, éste se paró. Otra vez el corazón en un puño y a sólo 13 millas de la entrada por una gran barrera de arrecifes. Hubo suerte y descubrimos rápidamente el problema. La angustia sólo duró media hora.

Y ya aquí en Port Moresby, estamos  reclutados en una  marina que es una burbuja de australianos, esperando que nos traigan un repuesto.

La marina es increíble y sus gentes aún más. El otro día,  un miembro del Royal Papua Yacht  Club que es cónsul honorífico de Austria, nos acompañó por todas partes ya que necesitábamos hacer unas cuantas gestiones. El hombre nos explicó que disparó y mató a un tipo que pretendía entrar en su casa (todavía no lo había conseguido) y dicho acto, no supuso preguntas “indiscretas” por parte de la policía. Joan Antoni y yo en un “cacho” mercedes con el “cónsul honorífico” en cuestión, no sabíamos que hacer o decir mientras él nos explicaba esta historia sin alterar por ello ni un milímetro el pulso de sus manos o el timbre de su voz.

La ciudad tiene 700.000 habitantes y el 96% está sin empleo. A todas partes debes de ir con taxi. Al menos es lo que te recomiendan hasta la saciedad las chicas de recepción.  Se imaginan la provocación que supone ser un blanquito turista con cara aturdida, gorrito para el sol y bermudas?. Es difícil entender pero hay que ver para creer lo que pasan éstas gentes.

Esperemos que la pieza llegue pronto de Australia y que Talula vuelva a la mar en dirección esta vez a Indonesia dejando finalmente el Pacífico para dar paso al Indico,

 Talulas

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