15.01.2009 Penúltima crónica

15 enero 2009 en 21:13 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Ya son muchos los días que voy buscando excusas para no ponerme delante de la que tal vez será, la penúltima crónica. Y, ya son muchos los días, que busco esas palabras enmarañadas en mi mente para poder volver a hablar de este viaje.
Tras dejar atrás Port Moresby (Papúa Nueva Guinea), teníamos más de 1000 millas por delante nuestro hasta llegar a Indonesia.
Después de un estrecho de Torres que cruzamos a gran velocidad,

 con viento y corriente siempre a nuestro favor, y tras un avión de la Guardia costera australiana que nos pasó casi “rozando” el mástil mientras estábamos montando el tangón para configurar las velas (estuvieron llamando antes por la radio pero pensábamos que llamaban a otro barco), llegamos al mar de Arafura, tirando por el lado de sotavento, todos los desechos orgánicos que generábamos. Os cuento esto, ya que antes de salir de Port Moresby, tuvimos que enviar –es obligatorio-, un e-mail a Australia para decirles que íbamos a cruzar sus aguas. Rápidamente nos llegó su respuesta diciéndonos tooooodo aquello  que no se podía hacer en sus aguas, entre ellas, tirar productos orgánicos por la borda. Y a mi cómo que cada vez me caen peor los australianos (no enumeraré los motivos pero os aseguro que cada vez son más), pude realizar mi pequeño acto de rebeldía, tirando las pieles de las frutas que consumíamos y asomando “mi culito” por la borda cuando las necesidades apremiaban o eso digo yo, también estaba prohibido?.
Tras más de una semana de navegación en un Mar que no superaba los 40 metros de profundidad y de un color verde intenso, llegamos a Indonesia.

 

 

Este gran país formado por miles de islas, fue desde un principio para mí, una gran decepción.
Indonesia, en estos pequeños recodos de mi memoria supone Nasi Goreng y cerveza Bintang casi cada noche para cenar.

Navegaciones sin viento y corriente en contra. Fondeos cuyas playas eran vertederos de basura. Dragones de Komodo y macacos pescando cangrejos en la isla de Rimca.

 Cientos de pescadores, de redes a esquivar y de zambullidas al amanecer en plena navegación (entonces sí que teníamos viento), para arrancar enjambres de sedal y cuerdas de la hélice. De islas y más islas abrasadas por el fuego. De un poder corrupto y de blancos (australianos) todavía más corruptos amparándose en la corrupción de los locales. De la isla de Bali, bonita y llena de encanto

 

pero tan explotada y ocupada que en breve será insostenible de tanta construcción, demografía y turismo.  De atardeceres en el sur de Java donde miles de zorros voladores cruzaban el horizonte en busca de bananas y papayas silvestres en las montañas y de un fondeo en el cráter que dejó la explosión del mítico volcán Krakatoa hace ya más de un siglo.
Y así, después de más de dos meses y medio en este país, saltamos a Malasia tras el cruce de la vía de navegación que rodea Singapore y que probablemente, sea una de las más transitadas.


Malasia fueron saltos de marina en marina. Remontar el estrecho de Malaca. Navegaciones cortas pero intensas de tráfico de mercantes y pescadores. Aguas sucias todo el tiempo y del fondeo en un río (Port Klang), donde cada día con el bichero, tenía que apartar toda la basura que se acumulaba alrededor del Talula (incluido un gato muerto a punto de reventar).
Fueron días de reparaciones,

de mal humor y de distanciamiento en el Talula. Fueron días de nuevas amistades que han quedado ahí por siempre.

 Fueron días de cambio y de crecimiento duro pero necesario.
Malasia fue la isla de Penang. Noches en el barrio hindú. Rotis y los mejores tandoris en el Mustafás, calamares rebozados en el “restaurante” chino más sucio de Penang, donde las ratas estaban tan saciadas que retozaban por debajo de las mesas ante la indiferencia de los clientes menos de la nuestra.

De una marina en dónde a partir de los miércoles, ya no se podía dormir hasta las tres de la madrugada, ya que la discoteca que albergaba el recinto, estaba totalmente descubierta. De numerosos templos, paseos, pensamientos y más pensamientos…
Y también fue Langkawi. Última isla antes de partir hacia Tailandia. Cargamos bodegas, salida del país y rumbo a Phuket. En este trayecto de 120 millas,  hicimos varias paradas en islas donde las aguas volvían a ser limpias y de escenarios dónde, una vez más, la naturaleza se imponía soberbia y desafiante  ante la medida humana.


Llegada a Phuket. Fin de Año en el barco de unos amigos y empezamos el año sin saber qué hacer de nuestras vidas. Continuamos? Nos quedamos un año más por la zona y aprovechamos para pintar aquí el Talula? Qué haremos en España cuando lleguemos con tanta crisis? Es aconsejable hacer este año el Mar Rojo?. Y así fueron pasando los días hasta que el día 10 de enero tomamos la decisión: Mar Rojo, Mediterráneo y vuelta a casa.
Y así tras 1600 millas más a nuestras espaldas y con el alma un poco más en calma, hoy os estoy escribiendo desde un atolón de las Maldivas (probablemente el más feo de todos al menos visto desde el mar). Tranquilidad, sol, arena blanca, aguas transparentes, un poblado encantador con casitas hechas de coral y calles de arena sin asfaltar, un pozo donde puedes coger agua dulce y lavar la ropa y unas gentes humildes pero tremendamente hospitalarias cómo rige su costumbre musulmana.


De un día de ayer donde pescamos 15 calamares por lo que pude hacer finalmente, un arroz negro y unos calamares a la cerveza que compartimos con nuestros amigos suecos del Eos.

Y mañana, de una cena en el poblado y al día siguiente, de una excursión a otra isla.
Luego serán 1200 millas más hasta Omán (Salalah),

que será desde donde envíe esta crónica, para saltar a Yemen (país del que tengo grandes expectativas) y atravesar con otros veleros,  la zona marítima más conflictiva que es el Golfo de Adén. Allí serán días con todos los sentidos a flor de piel y con la tarea aprendida de cómo hacer un SOS a través de las radios en caso de amenaza de piratas. Navegaremos por un corredor de seguridad en donde la flota internacional está presente y que una vez superado el estrecho de Bab el-Mandeb, quedarán atrás los piratas pero entonces, las noches de insomnio vendrán por los fuertes vientos que soplarán del Norte y que nos harán buscar refugio en las costas de Eritrea, Sudán y Egipto y esperar con mucha paciencia a que Eolo se despiste un poco, para seguir remontando ese mar Rojo hasta llegar al Mediterráneo, donde, con nuestro querido Serrat y una botella, esta vez de Champagne francés comprado en Nueva Caledonia, será descorchado y regado sobre la cubierta del Talula para darle las gracias por habernos llevado de vuelta a nuestro querido Mar Mediterráneo.
Aún falta al menos dos meses para ello, pero así será.
Cómo tantas veces he soñado y deseado.
Cerrando un ciclo más de mi vida.
Cada día más cerca de todos vosotros y tan lejos de otros,
Laura

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04.10.2008 De volcans i altres accident

4 octubre 2008 en 20:30 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Benvolguts, avui una de volcans.
La darrera notícia era sobre els dragons-sargantana de Komodo i, en aquell mail, s’hem va oblidar de deixar constància d’una experiència inesperada i al·lucinant: acostant-nos a Flores vam veure que passaríem a prop d’una illa, Pulau Komba, a unes 30 milles de terra. Quan estàvem a unes 18 (uns 30km), una explosió i una columna de fum ens van deixar ben clar que l’illa en qüestió no era mes que un volcà actiu i, aparentment força actiu. El tema ens va acollonir i vaig arribar a suggerir a la Laura d’alterar la trajectòria per passar més lluny de les 3 milles inicialment previstes. Però la curiositat aventurera va guanyar i vam mantenir el rumb.
Desafortunadament (o afortunadament, segons es miri), a mida que ens acostàvem, el volcà es va tranquil·litzar i només feia alguna explosioneta de tant en tant, acompanyada de les pertinents columnes de fum; però al fer-se de nit i estar mes propers, es veien clarament les xispes i un fil incandescent que baixava fins l’aigua (riu de lava?), on aixecava el que, des de la penombra, intuíem eren columnes de vapor. Experiència mística, us ho asseguro, que juntament amb la tinguda el passat octubre al volcà Mont Yasur de Tanna (Vanuatu), corferidora, i la del volcà Mont Marum, a Ambryn (també Vanuatu, però mes al N), el qual, si menys impressionant que els dos anteriors, també imposava molt de respecte amb les seves entranyes rogenques i plenes de fum i boira, m’han convençut que, si Déu existeix, ha de tenir forma de volcà.
Per cert, la visita al Marum, sinó la vida, si que em va costar 4 ungles d’ambdós peus: amb aquesta vida de mariners, un ha perdut la costum de pujar muntanyes.
I per posar un bon fi de festa a aquesta experiència volcànica, vam decidir visitar el….Krakatoa (us en recordeu d’allò de  “Al Oeste de Java…”). I, ni cortos ni perezosos, vam anar a fondejar dins el que havia estat la caldera del volcà mes famós de la història (juntament amb el Vesubio, que ja caurà), l’explosió del qual al 1883 va donar força que parlar (excepte als centenars de milers de persones que la van palmar de cop, està clar). Davant nostra al fondeig, teníem el Anakrakata, que en indonesi ve a ser com baby Krakatoa: un volcà nou, sorgit els anys 20 de les cendres (i mai millor dit) del seu pare i que, a banda de créixer 5 metres cada any (ara fa mes de 300), ja ha fet forces mèrits per figurar en el rànking. Un cop més desafortunadament (o afortunadament), la criatura estava força tranquil·la i, a banda d’algunes fumerols, no donava senyals del seu vertader caràcter.
No obstant, l’aspecte socarrimat i infernal de la muntanyeta, amb el seu cràter esbiaixat, eren tot un espectacle i un dramàtic teló de fons al fondeig.
Això, de moment, és tot el que fa volcans i la seva mística.
I parlant de mística, acabaré explicant una altre experiència religiosa que vam tenir a Bali. Havíem llogat una moto per voltar per l’illa i en una parada en un poblat per frenar la set, pago i, quan me n’adono, he “perdut” la cartera. Gran espant i depressió; ja la vaig perdre un cop a Veneçuela i ens ha costat mes d’un any recuperar tots els documents. Vam començar a donar voltes pel xiringuito buscant-la i els amos del lloc i els altres parroquians feien com si ajudessin, però la cartera no apareixia. Després d’una horeta de cerca i disgust i de diverses maniobres estranyes per part dels “amfitrions”, després d’haver suggerit que caldria anar a la “Polisi”, l’amo em va portar a fer una plegaria i una ofrena al temple familiar (son hinduistes i, a banda dels milers de temples escampats per l’illa, cada casa te el seu); jo estava tan tocat que, tot i sentir-me una mica ridícul allí agenollat, no em vaig saber resistir. I mira per on que va anar be que no em
resistís, ja que l’ofrena va resultar i, tot sortint del temple, el nostre amfitrió va “trobar” la cartera descarrilada. Coses de la mística..
Per cert, mentre us escric aquestes línies, estem creuant l’Equador. És la 4a vegada que la Laura i jo el creuem en aquest viatge i, si tot va be, la darrera.Confiem que les notícies que ens arriben de pirates al Mar Roig, si es compliquen, no ens el facin creuar dos cops mes. En fi, sigui com sigui, ja tornem a ser a l’hemisferi N.
Aquest ha estat llarg, eh!
Una abraçada.
Joan Antoni
Talula

31.07.2008 Adiós Pacífico

31 julio 2008 en 14:13 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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25 de julio. Sentada en el Talula sin poder hacer nada. No para de llover. Lo raro es que en Port Moresby (capital de Papua Nueva Guinea), apenas llueve durante la estación seca. Ha venido con nosotros  y es que la llevamos enganchada como una cometa desde que salimos de Noumea.

Noumea.  Salida el 1 de mayo. Ese día dejamos definitivamente nuestra boya en la bahía de l’Orphelinat para irnos a otra que estaba a sólo 3 millas de distancia. Tuvimos buen viento y todo empezaba bien hasta que el motor se paró justo cuando bajábamos la mayor y decidíamos ir a coger esa boya.  Pequeño susto pero que sin más apuro que el de los vecinos de otras boyas que nos miraban con cara de: y que hacen esos llegando a vela hasta el fondeo? y del meñique del pie izquierdo de Joan Antoni, que se lo puso del revés. Luego fueron dos “cracks” hasta colocarlo en su lugar.

De la isla Mêtre, partimos hacia varios fondeos dentro de Nueva Caledonia. Entre ellos visitamos Ille de Pins y por último Lifou. De la primera recuerdo sus aguas cristalinas, sus rocas en medio de las bahías en forma de champiñones, sus carreteras planas  que nos permitió visitarla íntegramente con las bicicletas, de ese aire entre mediterráneo y tropical tan peculiar de esta isla, de sus pinos y de un pequeño bosque de un kilómetro de largo que parecía sacado de algún cuento de Andersen, de sus fondos marinos, concretamente en Gadji, donde una pared llena de coral de todas las formas y colores, caía en vertical a una profundidad de 15 a 20metros. Me quedé sin aliento.  Y de un tiburón curioso que nos estuvo siguiendo un buen rato hasta que decidió cambiar de rumbo y que también me quitó el aliento durante ese tiempo.

De allí saltamos a Lifou. Al llegar al fondeo, Daniel y Cristine (unos amigos de Noumea), nos  esperaban en la playa. Fue un reencuentro de lo más curioso y divertido. Esta vez  visitamos la isla en el coche de ellos. Desde los peñascos podías ver los fondos del mar pletóricos de toda clase de corales.

Fue un día excepcional. Llegó la noche y esta vez la despedida fue con los pies llenos de arena y empujando el auxiliar para regresar al Talula.

 Hasta ese momento todo fue bien pero al cabo de dos días, el tiempo decidió cambiar y tuvimos que buscar un nuevo fondeo para protegernos de los vientos del oeste que persistían en no dejarnos tranquilos. Fueron dos días de pura agonía. Nos cruzó un frente que nos hizo levantar ancla a las 4 de la madrugada ya que pasamos de estar bien protegidos, a tener toda la mar que se nos echaba encima.  Al mediodía, llegamos a un supuesto fondeo protegido de este viento. No hubo manera. Con el ancla a 20 metros de profundidad en medio de corales, arrecifes a otros 20 metros de nosotros donde el choque del mar contra ellos, hacía que casi casi, la espuma te salpicara a la cara, una ola pequeña y una mar de fondo que nos hizo cabalgar durante toda la noche sin poder pegar ojo y finalmente, una salida otra vez, a marchas forzadas, hacia otra isla situada al oeste. No se pudo. Una mar de gigantes y un viento en contra, hizo que diéramos media vuelta y que pusiéramos rumbo al siguiente país: Vanuatu. Y así con una velocidad de vértigo y planeando sobre las olas, dejamos Nueva Caledonia.

Nos separaban 250 millas de nuestra primera parada: Epi. El viento continuaba soplando del oeste  por lo que era casi imposible encontrar algún fondeo en el que pudiéramos estar tranquilos. Seguíamos sin poder apenas dormir hasta que llegamos a Malecula. Aquí todo cambió: vuelta a la normalidad (vientos del SE) y reencuentro con este maravillo país que personalmente, considero es lo mejor del Pacífico. Vanuatu fue paseos por las islas, intercambio de producto

 manufacturado por frutas y verduras, un mes apenas sin pasar por el banco, de buenas y sabias conversaciones, de gentes orgullosas de su identidad,

de un trato de igual a igual que te hacía todo muy fácil, de una visita a un volcán que le dejó a Joan Antoni sin tres uñas de los pies por no estar acostumbrado a caminar con botas en la isla más mágica de Vanuatu, de un fondeo en una pequeña bahía en la isla de Maewo , rodeado de un precioso pueblo

 y a la popa, una increíble cascada a la que accedías con el auxiliar y que cuando llevabas 5 minutos en ella, estabas rodeado de 10 personas viendo como lavabas

 o te duchabas claro está, con pantalones y camiseta por respeto a ellos y para evitar posibles picadas de mosquitos. Aquí ya estábamos en territorio de malaria. De la asistencia a un acto presidido por el primer ministro de Vanuatu que llegó en una pequeña lanchita y con su maleta ya que debía de pasar aquí la noche.

 De cómo el cocinero nos pedía salsas para acabar la cena que debía de ofrecer a tan ilustre personaje. Del saludo que nos ofreció el  primer ministro y de la ironía de la vida que nos hizo sentir un tanto incómodos ya que todavía no habíamos formalizado la entrada al país (Inmigración y Aduanas estaban en la siguiente isla). De la despedida de Maewo  y salto a Espíritu Santo donde hay una pequeña ciudad que parece el lejano oeste. De un señor con taparrabos y descalzo, comprando en un supermercado de la ciudad. En esta isla, hay tribus en la montaña que apenas han tenido contacto con el hombre blanco. Y de una comida en la isla de Pentecoste con el jefe de la tribu que nos hizo pasar un rato muy agradable y entender un poco más a esta sociedad que viven en plena adaptación con su medio, que son conscientes del cambio climático y que su longevidad es gracias al cultivo de sus propios productos sin ningún tipo de pesticidas ni fertilizantes.

Y así, con este buen sabor de boca, dejamos Vanuatu para visitar las islas Salomón. Aquí fueron 3 semanas donde al llegar a la capital Honiara, descubrimos que llevábamos una pieza del enrollador de génova roto. Tras hacer la entrada a este nuevo país, nos fuimos a un pequeño grupo de islas al norte de Guadalcanal, donde estuvimos unos días disfrutando de sus paisajes aunque no tanto de sus gentes.

Salomon es básicamente Marovo lagoon y Ghizo en nuestro recorrido. El primer lugar es una gran laguna en donde a través de unos canales de aguas no siempre profundas, entras a un nuevo mundo de pequeñas islas con sus poblados, de canoas llenas de artesanía que te invaden durante todo el día,  de aguas de mil matices, de paseos en el auxiliar por medio de canales llenos de coral,

de preguntar cada vez que llegábamos a un nuevo poblado si había cocodrilos o no y de keto keto, último poblado que estaba a 10 metros del Talula y en donde pasamos 3 días que acabó con nuestra paciencia y educación.

No sé qué es lo que les hace tan diferentes estas gentes del resto del Pacífico pero aquí el melanésico intenta sacar el máximo provecho de ti sin dar absolutamente nada a cambio. Desconozco sus códigos y evidentemente, en 22 días poco puedes hacer pero no entiendo a que es debido tanta codicia por parte de ellos cuando su clima hace que la naturaleza sea muy generosa y no necesiten grandes esfuerzos para conseguir alimentos.

Finalmente, después de 3 semanas estresantes ya que las cartas de navegación están llenas de errores, los fondeos profundos y llenos de coral y todas las noches encerrados en el Talula ya que estas islas están llenas de malaria, partimos con un supuesto buen parte hacia el archipiélago de las Louisiades (SE de PNG).

La travesía fue bastante dura. Vientos de 35 nudos sostenidos y una mar que barría el Talula a su antojo rebozándolo todo de sal y a un  Joan Antoni  desquiciado por no saber hacia dónde dirigir al Talula (oficios del capi y el  mío de aguantarlo).

 Fueron tres noches y tres días donde un sarao de isobaras, SCPZ, un alta y una baja, se divirtieron con nosotros.

Llegamos a una isla llamada Pana Kuba. Estábamos destrozados. Hacía un día y medio que no comíamos nada sólido. Esa noche dormimos como reyes.  El fondeo era una laguna entre tres islas. Delante teníamos una islita y toda una barra de arrecifes que conectaba con la otra isla, protegiéndonos de las olas pero permitiendo que entrara el viento.

Louisiades fueron 15 días más de islas llenas de encanto, de murallas de piedra haciendo de guardianes contra las inclemencias del tiempo, de mucha pesca con algún que otro resultado por mi parte, de navegaciones fantásticas con 3 nudos de corriente a favor en algunos tramos y de mucha tranquilidad.

Pero el viaje continúa (debemos de estar en Thailandia en diciembre y aún quedan muchas millas por delante) y después de dos días de navegación con puntas de 9 nudos de velocidad (nunca visto hasta ese día en el Talula), llegamos a Port Moresby aunque ese último día, amaneció torcido.

La noche anterior, una invasión de piqueros, intentaban ponerse en el Talula. Unos giraron el windex  y otro dejó la placa solar a rebozar de excrementos. Yo tonta de mí, cómo se pudo colocar en la placa pensé: mira éste, ya está colocado, ya no molestará. Y al día siguiente, al encender el motor, éste se paró. Otra vez el corazón en un puño y a sólo 13 millas de la entrada por una gran barrera de arrecifes. Hubo suerte y descubrimos rápidamente el problema. La angustia sólo duró media hora.

Y ya aquí en Port Moresby, estamos  reclutados en una  marina que es una burbuja de australianos, esperando que nos traigan un repuesto.

La marina es increíble y sus gentes aún más. El otro día,  un miembro del Royal Papua Yacht  Club que es cónsul honorífico de Austria, nos acompañó por todas partes ya que necesitábamos hacer unas cuantas gestiones. El hombre nos explicó que disparó y mató a un tipo que pretendía entrar en su casa (todavía no lo había conseguido) y dicho acto, no supuso preguntas “indiscretas” por parte de la policía. Joan Antoni y yo en un “cacho” mercedes con el “cónsul honorífico” en cuestión, no sabíamos que hacer o decir mientras él nos explicaba esta historia sin alterar por ello ni un milímetro el pulso de sus manos o el timbre de su voz.

La ciudad tiene 700.000 habitantes y el 96% está sin empleo. A todas partes debes de ir con taxi. Al menos es lo que te recomiendan hasta la saciedad las chicas de recepción.  Se imaginan la provocación que supone ser un blanquito turista con cara aturdida, gorrito para el sol y bermudas?. Es difícil entender pero hay que ver para creer lo que pasan éstas gentes.

Esperemos que la pieza llegue pronto de Australia y que Talula vuelva a la mar en dirección esta vez a Indonesia dejando finalmente el Pacífico para dar paso al Indico,

 Talulas

09.05.2008 Guba, Daman, Funa i Gene

9 mayo 2008 en 13:09 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Hola col·legues,
aquesta no és una proposta de possibles noms pels vostres propers vàstags, sinó la relació de ciclons tropicals que han pertorbat els nostres somnis durant aquests sis darrers mesos, especialment el darrer, Gene, que ens va tenir acollonits durant una setmana; afortunadament, cap d’ells és va acostar a menys de 200 milles i, malgrat van fer forces destrosses per on van passar, a nosaltres només ens van provocar por i nombroses picades dels mosquits, la pau dels quals havíem pertorbat al violar, en busca de refugi, els seus manglars de residència.
Ara, un cop acabat de preparar el Talula i tenint llum verda de ciclons, hem guillat de Noumea per iniciar la llarga ruta que, si tot va bé, ens ha de dur fins a Tailàndia a finals d’any.
Les darreres setmanes han estat liades e intenses: primer varadero, sempre, en el millor dels casos, desagradable, i després despedint-se de tothom; després de 6 mesos de vegetar per aquí, deixar Noumea ha estat, un cop mes, una mica com deixar casa: la amabilitat i generositat d’uns quants bons amics que hem fet o refet aquí, ho ha posat difícil;  ara han quedat enrera i, al retrobar-nos amb la solitud dels fondeijos, els troben molt a faltar; intentem consolar-nos, sense cap èxit de moment, pescant algun dels nombrosos calamars que envolten al Talula a tots els fondeijos. Ells no ho saben però, tard o d’hora, un arròs els espera.
De moment hem baixat fins a l’Illa dels Pins, a l’extrem S de Nova Caledonia; la poca imaginació del blanc que la va batejar (en local és Kinué), queda en evidència al acostar-se a terra; un lloc meravellós, barreja de Meditarà i Pacífic, un dels millors candidats que hem trobat per a venir a descansar del “mundanal ruido”. Ara estem resseguint alguns dels seus increïbles fondeijos d’aigües turqueses sembrades d’esculls i envoltats per les ubiques agulles del “pin caledonien”.


Des d’aquí planegem visitar Lifou i Ubea, dos illes del grup de les Loyauté, també de Nova Caledonia; voldríem esborrar la imatge de pseudo-metropolis blanca i pija, on es pot comprar i fer quasi de tot, i on els kanaks no son mes que ombres sota l’ombra dels arbres dels parcs, que ens ha inculcat Noumea, i retornar el paisatge als seus propietaris i habitants seculars.


D’allí enfocarem cap el N i les illes mes septentrionals de Vanuatu, en cerca, entre d’altres coses, d’una mica de calor tropical que, per aquí, comença a mancar (aquest matí teníem 20º, la temperatura mes baixa que recordem haver viscut en els darrers 4 anys).
Desprès les Solomon, Louisiades,Papua, Indonesia,..bé tot això ja anirà venint, si Dèu plau.

12.04.2008 3ª etapa

12 abril 2008 en 13:36 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Acabo de leer la última crónica. De eso hace ya cinco meses. Fue desde Vanuatu. Ahora me vuelvo a enfrentar a esta “hoja en blanco” y a intentar ordenar cronológicamente mis recuerdos. Es difícil. Han pasado demasiadas cosas y entre ellas, un viaje de ida y vuelta al otro lado del mundo.
Vanuatu. Ahí quedaron despedidas de dos barcos: Nerissa K que volvió a Canadá

y de Adaggio que continuó rumbo a Australia para finalizar así su vuelta desde Florida.


Nosotros, después de un mes descubriendo las islas del sur de este país, esperamos desde su capital (Port Vila),

un buen parte que nunca llegó, para dirigirnos a Nueva Caledonia. Fueron días duros de mucho viento en contra. Noches inacabables donde pequeñas roturas hicieron la vida un tanto desesperante y agobiante.
Días grises donde el principal protagonista era el aullido del viento y la salpicadura de sal en la cara.
Momentos que no se acababan pero que finalmente, acabaron. Llegamos a la isla de Mare ya en territorio francés. Descansamos dos días. Estábamos extenuados.
Finalmente, y todavía con bastante viento, nos dirigimos a Noumea (capital de Nueva Caledonia) donde llegamos un atardecer a la marina de Port Mouselle para hacer la entrada oficial a este nuevo país.
Aún no habíamos colocado todas las amarras, y ya estaban ahí la familia Mali Mali. Lourdes y Enric  dejaron BCN hace 8 años. Ese día ya eran cuatro.
Hablábamos y hablábamos compulsivamente. Tanto que oír y contar. Después de todos esos años, volvíamos a estar todos juntos y esta vez en nuestro propio barco.
Al día siguiente, Cuarentena vino a recoger a Suri. A pesar de mis súplicas, Suri tuvo que irse con dos señores y en una furgoneta para ser desinfectada y examinada. No me lo esperaba pero bueno, al menos, el mismo día que partía para España (cinco días después), por la mañana, nos la trajeron y nos acompañó a Joan Antoni y a mí al aeropuerto.
Ahora, 4 meses después, recuerdo ese trayecto como un espejismo. Iba callada. Odio coger aviones. Es mi fobia particular. Además, intentaba imaginar todo aquello a lo que me iba a enfrentar allá, a 35 horas de vuelo y de esperas. No podía. Debería esperar y darme tiempo para tantas emociones y experiencias,
desgraciadamente, duras y tristes aunque otras, de reencuentros, de nerviosismo y de estar allí como fue la boda de mi amiga Elena a tres días después de haber llegado. Un auténtico maratón para mi cabeza y cuerpo que estaban más acá que allá.
Intento recuperar las experiencias de una forma objetiva y clara pero no puedo. Todavía está todo aquí dentro sin ordenar y clasificar. Debería hacerlo pero duele un poco.
Objetivamente está la llegada a BCN. Viajo con mi hermana a Tarragona después de casi un día entero de espera por parte de ella en el aeropuerto. Llego a la casa de mis padres. Mi madre abre la puerta. Está tan guapa como siempre. El resto lo dejo ahí, en la habitación de mi padre.
Un día y medio después, me voy a BCN. El tren lleva retraso. Me entero de los problemas de RENFE y del AVE.  Otro reencuentro. Veo a Adriana con su barrigota. Esta vez van dos y Lola en el cochecito.  A 50 metros, aparecen Carlitos y Patricia. Nos tomamos una cañita rápida en el bar de enfrente. Nos miramos y
nos reímos. Me siento cómoda. Quedo con la novia para que me deje ropa. Llego a su casa antes que ella. Está totalmente invadida. Me siento más rara que un perro verde. La/los veo. Lleva casualmente, un jersey verde.
Hay nervios por todas partes. La tensión es inevitable. Pasa todo muy rápido. Son las 11 de la noche, y estoy en Pg. de Gràcia. Intento levantar la mirada y saludar a la Pedrera . Cuando lo pienso, ya la he pasado. Voy demasiado ensimismada conmigo misma.
Pensaba que sería más fácil, cómo la otra vez pero no, está vez  ya son más de 20000 millas a mis espaldas y ese peso cambia definitivamente.  Cada milla es un cuarto de hora de soledad, de recogimiento, de murmullo suave o de rugido agudo, de susurros y voces imaginadas, de color azul o negro, de Joan Antoni o de
Suri, de comidas fabricadas en un equilibrio precario, de estados de aletargamiento, de yo con yo y con más de yo. Pero sigo pensando que todo va muy rápido; que no me impaciente, que ya llegará el momento en que estaré ahí con todos ellos.
Y así fueron pasando los días, llegaron las fiestas de Navidad, otra vez el adiós rompedor, 6 de enero, autobús hacia el aeropuerto con Carlitos (gracias por estar tan pendiente de mi) y 35 horas más de vuelo hacia mi casa: Talula.
Allí quedaron  muchas noches de insomnio y de dolor. De una familia perdida ante la enfermedad, de unos amigos que han vuelto y otros que se han ido, de unos novios  situándose en su nueva faceta y de otros, batallando con nuevos proyectos empresariales o vitales. Y de millones de detalles que están rondando por aquí ahora y que formaron parte de esos casi dos
meses de estancia en España.
Ahora ya vuelvo a estar aquí. Las vueltas también son raras. Otro tiempo más para situarme. Estaremos en Noumea hasta mayo, que es cuando se acaba la época de ciclones en el Pacífico para reemprender nuestro viaje siempre al oeste. Y mientras tanto, estudiando francés, trabajando con barcos que hacen charters en estas islas y Joan Antoni, forrando ruedas y lo que se precie.  Ya hemos ahorrado casi lo que necesitamos para sacar el barco del agua de aquí a tres semanas, comprar un pequeño fueraborda  y unas baterías para el Talula.
Hoy es el tercer día de lluvia. Aún quedan como mínimo dos más. Nos está cruzando una depresión tropical. Al menos, esta vez es débil y no hay posibilidades de que se convierta en ciclón. Digo esta vez ya que hace un mes y medio, estuvo de muy poco que nos cruzara un ciclón (huracán en el Caribe o tifón en el Pacífico norte). Tuvimos que trasladarnos a un río de manglares y amarrarnos bien a ellos. Así pasamos tres días, oyendo los partes cada 4 horas, vaciando la cubierta, intentando mantener la calma y pensando en todo lo que se debía de hacer en caso de que llegara.
Pero hubo suerte y no cruzó Noumea. Lo celebramos con un arroz de cangrejos y un alioli en el Mali Mali volviendo ya a la ciudad y haciendo un alto en una bahía muy bien protegida y llena de montañas “infectadas de pequeños ciervos” que aquí son cómo los conejos en Australia, una plaga.
Empieza a oscurecer y me cuesta ver las letras en el teclado; nunca estudié mecanografía. Así que por hoy dejo ya de rasguñar los recuerdos que han quedado aquí dentro.
Antes de cerrar el ordenador y de decir hasta la próxima, sólo quiero decir adiós a mi padrino Juan. Lo reencontré un día en Caracas. Era el mismo de las fotografías  color sepia con puntos amarillos. Sólo fue un día. El resto, a través de internet: jaleo64.  Ahí, en la carpeta “padrino”, quedan sus palabras
cariñosas, alentadoras y revitalizantes. Para siempre. A él también le digo hasta la próxima. Aunque no sé dónde ni cómo.

21.11.2007 Riu Katiramona, Nova Caledonia

21 noviembre 2007 en 12:58 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Buenas,
si, escric des d’un riu!; mes exactament des de la desenbocadura, encara que fins ahir erem uns 2km riu endins.
La raó es que, des de primers de novembre, som oficialment a l’estació dels Huracans (aquí en diuen ciclons; l’Enric, el capità del Mali Mali, company de fatigues, utilitza el terme “cacharro”, un tant ambigüo, pero efectiu).
Es la meva primera experiencia dins “zona de guerra” i, no cal negar-ho, estic acollonit; els que ja porten varias temporades s’ho agafen mes amb calma, argumentant que, a diferencia del que pot pasar a Cuba o a Florida, o fins i tot aquí a prop, a Vanuatu, on cada any n’hi pasa algun, la probabilitat de que un cicló ens escombri es petita; de fet un xilé que porta 14 anys aquí, nomes n’ha viscut 2.
Pero si en passa un, que voleu que us digui, te cagas patas pa’bajo (i sino que ho preguntin als de Niue). Jo he vist (es un dir, doncs l’escuma ho ocupava quasi tot)50 nusos de vent i, francament, no em puc imaginar que deuen de ser 150 nusos.
Aqui les marines estan preparades, fins un cert punt, per aquestes histèries del temps pero, segons l’experimentat Enric, el millor es cercar un bon riu amb manglars i protegir-se allí. D’aquesta manera et lliures de les onades i els manglars et paren molt el vent. El preu a pagar son els mosquits, pero…”sarna con gusto no pica”.
Doncs res, aprofitant que al S de Papua-Nova Guinea es va formar el primer Cacharro de la temporada(batejat amb el nom de Guba) i donat que, malgrat encara era lluny, al Pacífic es molt difícil preveure la trajectòria que agafarà un huracà fins que…ja es masa tard, amb el Mali Mali vam decidir anar cap el riu Katiramona (conegut com Port Laguerre pels Caldouches, una
espècia de “pied-noirs” de Caledonia), per tal d’estar a prop si la cosa es complicava i, de pas, estudiar be el terreny i sondar possibles passos i canals.
L’aproximació i entrada al riu no es fàcil, doncs tot son baixos no cartografiats i a aquestes dificultats naturals s’hi ha afegit la circumstancial d’haver d’anar de solitari,ja que la Laura ha marxat a Espanya a pasar el Nadal. Només Dèu sap com l’he trobada i la trobaré a faltar fins que no torni (el compte enrera es de 47 dies).
En aquests moments el cicló ha estat ja degradat a la categoria de Depresió Tropical Feble i, si no rebifa, els seus efectes es reduiran a portar-nos una mica de pluja. De manera que hem començat la nostra retirada, paset a paset, cap a Noumea.
A l’espera que els futurs cacharros em permetin mantenir les cròniques a un nivell jocos i d’anècdota aliena, us envio una abraçada a tots.
JA

06.11.2007 Noumea i pausa

6 noviembre 2007 en 12:51 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Benvolguts, ja som a Noumea, Grande Terre, que es com en diuen a la gran illa de Nova Caledonia, la 4a + gran del Pacífic.
El trajecte no ha estat, un cop mes, fàcil. Ja sabíem que el tema era pelut, doncs per primer cop en molt de temps, si no hi havia sort (es a dir que els alisis deixesin de bufar uns dies del seu habitual SE per fer-ho des de l’E o, millor, NE), no tindriem el vent al darrera com es la nostra costum.
Despres d’esperar uns dies i, acostant-se perillosament la data en la que la Laura ha de volar a Espanya, i veient que els alisis no cedien, ens va tocar escollir entre cenyir unes 300 milles o esperar un calmasso.
Vam escollir el primer i, en 3 etapes, vam anar baixant fins a Noumea. El trajecte ha durat una setmana i ha tingut algun episodi durillo, com dos cops de vent propers als 40 nusos. Tenim un vaixell bon cenyidor, pero quan les onades que venen per davant son de l’ordre de 2  o mes metres, les coses es posen un tant incòmodes.
Pero aqui som i, en arribar, ja ens esperaven l’Enric i la Lourdes del Mali Mali, vaixell amb el que jo vaig sortir d’Espanya ara fa 7 anys i que encara estan pel tros, doncs s’ho agafen amb calma. El tema ha estat com una gran retrobada familiar que ha donat la senyal de replegar veles per aquesta
temporada i relaxar-se.
La Laura vola a Espanya el proper dilluns per pasar el Nadal; jo em quedaré per aquí a veure si puc treballar un xic i fer bossa. I l’any que ve, entre altres coses, serà un altre any.
Abraçades mil.
Talules

17.10.2007 Media vuelta al mundo

17 octubre 2007 en 12:42 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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1 de septiembre. Navegando hacia  Fiji, pasamos por el contra meridiano de Barcelona. Ya llevamos media vuelta al mundo. Oe oe oe oe….

 Ese día fue un gran día. A partir de ese instante, empezábamos a acercarnos a BCN y dejábamos de alejarnos como habíamos estado haciendo hasta ese mágico momento.

Además, fue mi cumpleaños. Lo celebramos con un buen plato de lentejas y la última cerveza de Panamá. Todo ha quedado registrado en mi cámara, incluso la traza del Talula acercándose en el GPS, a ese punto negro en medio del océano.

Ese día, que fue especialmente intenso por tantos acontecimientos, dejábamos también atrás la denominación Oeste para empezar a decir Este a nuestra latitud. Y que más pasó, pues que cuando me levanté, me encontré con un regalo envuelto en un papel de palmeras y de tacto muy suave. Lo adiviné. Un pareo de Moorea. Bonito, dulce y lleno de flores del Pacífico pintado a mano en un fondo violeta. Me encantó.

Pero volvamos a Tonga. Los últimos días en Vava’u fueron agitados y el tiempo no acompañó demasiado. Nuestra idea era bajar hacia el sur y visitar el siguiente grupo de islas llamadas Hapai pero el viento soplaba muy fuerte cada día de esa dirección,  por lo que abandonamos esa idea para cambiarla por una que, con la distancia, creo que fue mejor. Visitar el grupo del norte.

Tras una cena tongana a base de diferentes tipos de carnes cocinados en un horno

que construyen en un agujero en la tierra y que rellenan posteriormente de cenizas y lo cubren todo con los alimentos envueltos en hojas de plátano, de diferentes danzas protagonizadas por las niñas y niños del poblado, de beber cava (la bebida tradicional melanésica) y todo muy bien ejecutado para los turistas, abandonamos Tapana y regresamos a Neiafu para hacer la salida vía Niuatoputapu.

Partimos una mañana al amanecer después de fondear en una preciosa isla llamada Mala. El inicio fue bonito, con resoplar de ballenas incluido hasta que llegó la hora del desayuno. Decidí cocinar huevos con tocineta para hacer más tarde una comida merienda cena y listo. Mala elección. Entre el movimiento del barco y el posible mal estado de un huevo, pasé dos días terribles.

La travesía fue rápida. Llegamos al amanecer a un escenario propio del Pacífico. Una isla rodeada de arrecifes, con un paso estremecedor por lo pequeño que era, y otra isla en frente, coronada por un volcán de formas perfectas.

Ya en la laguna, nos encaramos al volcán para pedirle permiso, y una vez concedido, echamos nuestra ancla en un buen fondo de arena.

Por la noche fuimos todos los barcos a cenar a casa de Cia. Cena tongana a base de cerdo (todo el poblado está lleno) y de pescado macerado con leche de coco: más de lo mismo.

El domingo fuimos a misa y sus gentes nos acogieron con cariño y simpatía. La misa transcurrió en un ir y venir de la sacerdote que no paraba de llorar, reír y regañar en un aparente perfecto tongano. Las personas asentían y los extranjeros, agachábamos la cabeza por si el tema fuese también hacia nosotros. Cuando acabó, salimos todos y nos saludamos. Luego, por petición de una chica y ella pensando que tenía una impresora en el barco, fui a hacer fotos a una niña que celebraba su primer aniversario. Al decirle que no llevábamos impresora, ella nos contó que en la isla, el único ordenador que había, estaba en el edificio del gobierno y que éste se encontraba en el segundo poblado a unos 5km del que estábamos.

 Al día siguiente, en compañía del marido de otra señora y en un coche destartalado que nos dejó tirados a un par de kilómetros después de haber partido, llegamos al Gobierno en otro coche y en compañía de Lucy y Bonnie, dos chicas la mar de simpáticas y que no paraban de preguntarnos cosas sobre Neiafu –la gran capital para ellas y en la cual, nunca habían estado-.

Una vez en el Gobierno, nos encontramos con Cia. Mientras esperábamos que la señora de inmigración acabase con el ordenador, estuvimos mirando el libro de registros navieros. Cómo anécdota os puedo contar que, desde 1994, no ha pasado ningún barco de nacionalidad española.

Una vez el ordenador estuvo disponible, la señora nos cedió su asiento ya que ella no se veía capaz de hacer las copias en papel de las fotos. Ya ven, sentados en una oficina oficial y haciendo copias para llevar a la madre y abuela de la niña que esperaban impacientemente. Foto en mano, volvimos caminando y aunque caía un sol de justicia, pudimos disfrutar del paisaje de la laguna en marea baja,

abarrotada de cerdos comiendo cangrejos y de las cabañas de paja que están diseminadas por toda la isla y que son sus hogares. Hogares que además están dividido por secciones. Cada cabaña es una parte de la casa. Por un lado están las habitaciones, por otro el baño y la cocina. No hay comedor. A la hora de comer, extienden una estera y sentados en el suelo, comen en un plato y con las manos.

Y así pasaron los días, entre paseos por la montaña, trabajos en el Talula y esperando un buen parte para dejar estas islas y llegar al norte de Fiji.

Una vez en Fiji, llegamos a Savusavu. Estuvimos una semana esperando que el mal tiempo pasara para continuar hacia el sur. Visitamos la ciudad de Lambasa. Fue un trayecto de 3 horas. Cruzamos altas montañas, zonas de sembrado de caña de azúcar (es la principal economía del país)  y precipicios que daban al mar. Todo esto amenizado por un autobús que no llevaba ventanas por lo que debías de ir con tú chubasquero en caso de lluvia y con un gorro en la cabeza para no acabar lleno de piel de cacahuetes en el pelo ya que es lo que van comiendo todo el mundo en el autobús.

Con el tiempo más tranquilo, nos fuimos al sur. Los trayectos eran solo de día ya que estas aguas están repletas de arrecifes. Los planes de navegación eran exhaustivos y cansados pero valía la pena esforzarse, ya que como he dicho, esta aguas son muy peligrosas.

Así pasaron 5 días de navegación inmejorables hasta llegar a Lautoka. Semana de locura. Busca gas, pintura para el barco, compra provisiones ya que Fiji, es el país más barato del Pacífico, recambios para el Talula, inspecciona la marina ya que  ésta, pudiera ser un buen lugar para pasar la época de huracanes y búsqueda del billete de vuelta a España para Navidades.

Total, se hizo todo y tomamos una decisión:  pasar la época de huracanes en Nueva Caledonia en compañía de nuestros amigos del barco Mali Mali, con quien Joan Antoni, hace 7 años abandonó por primera vez  BCN para empezar a “Voltar-la”.

Tras abandonar Lautoka, empezamos a navegar las islas del norte de Fiji (Yasawa Group). Aquí, hemos disfrutado de sus gentes y realizado el Sevusevu cada vez que parábamos en un poblado. En Fiji y Vanuatu, cada vez que llegas a un nuevo fondeo y bajas a tierra, debes pedir permiso a su jefe y éste, a través de una ceremonia donde nosotros le obsequiábamos con cava de Niuatoputapu (muy apreciado por esta zona ya que la raíz crece en el volcán), él nos daba las gracias (vinaka) y nos aceptaba en su poblado.

En la isla de Naviti, después del sevusevu, fuimos invitados por una familia a disfrutar de su comida que consistió en algas que recolectamos previamente aprovechando la marea baja,

 de pescado que pescó Bill y de fruta del árbol del pan cocinado con leche de coco previamente rallado por la mañana mientras hacíamos las presentaciones.

Todo riquísimo. Lo comimos sentados en el suelo debajo de los cocoteros, en frente de la orilla y luego disfrutamos de una sobremesa estirados allí mismo y contemplando el mapa del mundo de Bill que se caía a trozos.

Al día siguiente, les llevamos un celo para que su mapa, tan preciado por Bill, durara 20 años más.

De Naviti, pasamos al famoso Blue Lagoon. Digo famoso, ya que aquí se grabó, la película “El Lago Azul” protagonizada por Brooke Shields y rodada íntegramente en este escenario que ahora está lleno de resorts, de mucho tráfico marítimo y de turistas australianos y neozelandeses (básicamente), que durante las noches, gritan y gritan alrededor de un fuego y que a estas alturas, desconozco la causa de tanto griterío.

A pesar de todos estos inconvenientes que conlleva el turismo (y yo me incluyo), Blue Lagoon, es un lugar especial, lleno de pequeños rincones encantadores y de poblados, donde el auténtico espíritu fijiano, prevalece inmutable.

Abandonamos estas aguas una mañana a primera hora, para empezar el camino hacia el siguiente país: Vanuatu. Tras un alto en el camino para hacer noche, al día siguiente, cuando rompió el alba, levantamos la mayor para dirigirnos hacia un paso donde dejábamos atrás todos los arrecifes y entrábamos a mar abierto. Esta transición duro media mañana y empezó pasando por un bajo que no vimos a tiempo y que una vez dentro, no sabíamos como salir y aún menos, donde acababa. Una vez más, con los nervios a flor de piel, quedó medio metro de agua por debajo de nuestra quilla. Uuuufffff: fue de un pelo.

Y así, con los ojos puestos en el horizonte (las cartas de navegación no son fiables y la zona por donde pasábamos, no está estudiada), llegamos al paso que bautizamos con el nombre de “Talula Passage”.

Una vez fuera de peligro, el viento arreció y Talula “cabalgó” sin descanso durante 3 días hacia la isla de Tanna.

Llegamos otra vez al amanecer. La entrada no ofrecía ninguna dificultad. Ahí nos esperaban nuestros amigos canadienses del Nerissa K. Nos indicaron donde echar el ancla. El escenario era magnífico. Estábamos rodeados de una playa de arena negra y de chimeneas de humo procedente de agujeros volcánicos.

Al atardecer y después de un baño regenerador y de un intento de siesta frustrado debido a tanta mosca pululando, Nerissa K, nos preparó una excursión al volcán Yasuf (Dios) que está activo.

Subimos todos a una furgoneta. Al cabo de pocos minutos, cruzábamos un poblado. Sus gentes, bailaban y cantaban  en medio de sus casas que no son más que cabañas de hoja de palma. Alrededor, todo era selva.  Por el camino (no hay nada asfaltado ni hay tendido eléctrico), intuías millones de ojos observándote. Todo olía a húmedo y a fruta dulce.

Cuando llegamos, el sol se estaba yendo. El viento era fuerte y frío. El escenario sencillamente dantesco.

Llegamos a la cima del volcán. Éramos muchos los que contemplábamos el escenario: inmensas nubes de gas emergían a borbotones del “infierno”. De repente, hubo una gran explosión: el aire se llenó de partículas incandescentes que al ir cayendo la noche, parecían demonios rodando posteriormente por la ladera. Todo quedó en silencio. Ni siquiera respirábamos. Nuestros cuerpos se balanceaban. Algunos nos arrodillamos para sentir más cerca a Tanna (tierra) y para rendirle nuestros respetos.

Todavía anonadados, regresamos a la furgoneta y nos volvimos a adentrar en la selva. No recuerdo casi nada.

Ya han pasado dos semanas en Vanuatu.

Después de Tanna y de disfrutar esta isla haciendo excursiones con Nerissa K y otro barco que conocimos en Panamá, nos hemos ido todos juntos a la siguiente isla: Erromago.

Al día siguiente de la llegada, bajamos a un pequeño poblado que hay a la vera de un río para hacer nuestras presentaciones a su jefe. Éste nos acogió con cariño y nos enseñó los lugares más destacados de Erromango. Entre ellos, está la tumba de un misionero que cuando puso los pies en tierra, los aborígenes lo mataron y se lo comieron sin tener tiempo el pobre hombre de decir: esta boca es mía.

Parece ser que anteriormente, el capitán Cook ni siquiera pudo desembarcar por temor a acabar sus días como el misionero de Erromango.

En fin, es curioso tener esta información ya que estas gentes, es para mí de lo mejor del Pacífico: amables, educados, políglotas, orgullosos de no haber sido conquistados por nadie, respetuosos y siempre dispuestos a echarte una mano.

De hecho, llevo dos días subiendo al río para lavar ropa y las mujeres me acogen con cariño y con naturalidad.

Los niños se ponen a mi lado y me ofrecen su ayuda. Me cantan, me hablan, me preguntan, se ríen, me enjabono con ellos y me frotan la espalda. Mientras tanto, un pececillo me mordisquea el pie; una vaca muge detrás de mí y un grupo de mujeres se frotan sus enormes cuerpos semi desnudos mientras lavan la ropa. Anita me ayuda con las piezas más grandes (es una adolescente de 17 años). Le gusta la pulsera de hilo que llevo en el tobillo; con dos piedras me la cortan y yo se la regalo. Ella sonríe y me lo agradece por tres veces. Siento todo con mucha intensidad. Veo estas gentes y comparo con nuestra sociedad y no entiendo hacia dónde vamos. Nos hemos desnaturalizados. Siento que nos hemos perdido y que no hay marcha atrás.  Aquí, en cambio, me siento bien. No hay prisas; pregunto la hora y me contestan que es de día. Me río. Me gusta.

 

Hoy vuelvo a estar sola.

Joan Antoni se ha ido con Dimitris a pescar. Yo no puedo acompañarlos ya que ayer me hice varios cortes en el pie. Debo de esperar al menos dos o tres días para que cicatricen bien.

Pero no importa. Disfruto de este momento aquí, escribiendo, sintiendo y pensando que os cuento.

Y mientras tanto, también cruzo dedos para que esta noche, podamos todos disfrutar de una rica cena a base de pescado y langostas.

Besos rodeada de pimientos verdes a  la vinagreta para espantar a todo este mosquero,

Laura

26.08.2007 Des del N de Tonga

26 agosto 2007 en 12:47 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Companys,
despres de 3 setmanes al grup d’illes de Vava’u, hem decidit despedir-nos de Tonga visitant el grup mes al N: el grup de les Niuas. La ideia inicial era visitar un altre grup d’illes, les de Hapai, pero un perseverant i enèrgic vent del SE ens ha fet desistir.
Total que ja som a Niuatoputapu (vaja un nom fàcil, no?; els anglosaxons que acostumen a ser una mica mandrosos per qualsevol llengua que no sigui la seva i que sovint no es distingeixen  pel respecte a les altres cultures, anomenen a aquesta illa “New Potatoes”), fondejats entre barreres de coral i amb un supervolcà que ens vigila des del nord.
El lloc es la pura esencia tongana, amb tot el personal vestin les tradicionals taovalas (com una especia d’alfombre de caynam que s’estaquen, literalment, al damunt de les faldilles de roba).
Avui diumenge hem asistit amb mig poble (l’altre meitat estava a la funció catòlica) a l’esglesia wesleybiana (una modalitat protestant). La pàstoreta (era dona i jove), entre cant i cant de salm, ens ha esbroncat a tort i a dret (no entenia ni un borrall, pero els gestos i el to no deixaven lloc a dubtes), mentres li queien les llàgrimes de pura emoció, com si s’acabes d’asaventar de la pasió de Jesucrist.
Seguirem informant.
Una abraçada

18.08.2007 Añadiendo Pacífico

18 agosto 2007 en 21:22 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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Perdí un día.

Acabo de entrar al barco. Quería ir a pasear por la playa pero la marea se la ha comido. Hasta mañana no podré ir a estirar un rato las piernas.

Estoy en la isla de Nuapapu (Vava’u – Reino de Tonga). Todo es así de exótico y de difícil pronunciación pero muy interesante.

Después de Moorea (vuelvo a la Polinesia francesa), continuamos con una pareja de canadienses hacia Huahine (la perla de las Societé),  Tahaa, Raiatea (parada técnica de 3 días para soldar la escalera de baño) y Bora Bora (la más decepcionante de todas).

Tras partir de Moorea al atardecer y después de una noche de navegación con una mar de fondo importante, viento racheado pero al menos, acompañados de una inmensa luna llena (la gran amiga de los navegantes), llegamos al amanecer a Huahine. Costó lo suyo encontrar el paso que separa la gran barrera de arrecife entre el océano abierto y la laguna interior  pero allí estaban las luces verde y roja como dos estandartes que te indican dónde está ese túnel de aguas profundas por donde Talula se deslizará hacia la tranquilidad de esas aguas de mil matices de la gama de los azules.

Entramos y empezamos a remontar el canal hacia el fondeo que estaba a más de dos horas de navegación. El viento lo teníamos en la cara y a lo lejos veíamos como un frente se estaba aproximando hacia nosotros. El viento aumentó y la visibilidad empeoró pero gracias al programa de navegación y a la perfecta señalización (estamos en Francia), llegamos al fondeo elegido.

Huahine ha sido y es lo más particular, misterioso, salvaje, añil/turquesa y acuático de todas las islas de este último archipiélago francés. Aquí pasamos 5 días explorando la isla con nuestras bicicletas. Las carreteras serpenteaban caprichosamente bordeando bahías de gran profundidad, lagos de agua salada, playas de aguas tranquilas y otras de una mar enfurecida que levantaba olas enormes queriendo atravesar esa gran barrera que protege su interior como su más preciado tesoro y pequeños poblados de casitas llenas de plantas y árboles frutales de toda clase.

Tahaa a solo mediodía de navegación, fue la hermana austera de Huahine. Bonita, tranquila y digna, aunque más pobre y en donde empiezas a notar como las subvenciones del estado francés llegan en menor cuantía.

La anécdota de esta isla fue una noche cenando en el Nerisa K (el barco de nuestros amigos canadienses), empezamos a notar un olor a cloaca horrible. Al principio pensábamos que tal vez el origen procedía de un catamarán que estaba a nuestro lado y que había decidido, aprovechando la complicidad de la noche, vaciar su tanque de aguas negras. Ya ven, así pasamos como unas 4 horas aguantando el olor y maldiciendo al barco que además era de bandera estadounidense (valor añadido para nuestras críticas y sarcasmos). Pero cúal es nuestra sorpresa que al decidirnos a abandonar el Nerisa ya que eran altas horas de la madrugada, en medio de los dos auxiliares, vi una gran bola enorme flotando. Al principio no pude distinguir lo que era hasta que mis ojos se acostumbraron al negro de la noche. Pero cuando ya pude, cúal fue mi asombro al reconocer que no era ni más ni menos que un enorme cerdo en estado de putrefacción. Menudo ataque de risa que me dio al ver la imagen tan surrealista que había a nuestro lado aunque Petronela y Cristhian  no pensaban lo mismo ya que no sabían qué hacer para deshacerse del tremendo animal que había pegado a su barco.

La decepcionante Bora Bora.

Sucia, descuidada, llena de hoteles y de parejas de japoneses e italianos en plena luna de miel (que nadie se ofenda por ello. No tengo nada en contra de los recién casados y aún menos, de los italianos y japoneses pero fue algo que me llamó la atención), Bora Bora fue la gran decepción. De hecho, ya estaba avisada por Joan Antoni que la visitó 6 años atrás pero: cómo puedo decir que no cuando en la guía pone “the most beautiful island….”. Y claro, si te dicen the most beautiful island es que es the most beautiful island digo yo, no?. Pues no.

Lo único que vale la pena de esta isla es su panorámica desde Tahaa y la imponente montaña que desde su cima puedes apreciar todo el contorno de la isla.

Niue.

1100 millas y después de toda una semana de navegación en donde nos cruzó dos frentes fríos que nos hizo correr como locos y de otros días de calma absoluta, llegamos a Niue que es una pequeña isla independiente con 1100 habitantes.  Aquí no se puede fondear debido a la gran profundidad de sus costas y además, sus fondos son totalmente de roca.

Después de media hora de intentar entender lo que nos decía uno de los dueños del Niue Yacht Club que tenía un duro acento neozelandés, cogimos una boya al lado de un par de ballenas que salieron casi casi a saludarnos. Niue como Tonga, son dos santuarios de ballenas jorobadas por lo que resulta fácil avistarlas e incluso bañarse con ellas como hizo ayer Joan Antoni mientras yo me discutía con una lancha que organizan estas actividades. Pero volvamos a Niue para no liarnos.

Aquí estuvimos 5 días. Fueron horribles ya que llovió sin parar y además, al estar en un lugar totalmente desprotegido, la mar de fondo era tan fuerte que para dormir tenías que ponerte cruzada e inventar 100 formas de quedar inmovilizado para no salir disparado del camarote. No se podía casi comer y el mareo estaba garantizado. Además, para ir a tierra, debías de sacar cada vez tú auxiliar del agua con una grúa ya que las olas chocaban violentamente contra el pantalán de cemento.

Aquí Nerisa perdió su auxiliar una noche de fuerte mar y lluvia por lo que la excursión que pretendíamos hacer al día siguiente quedó anulada. Pero al menos, un día visitamos una caverna por pura casualidad llena de estalactitas, estalagmitas y unas aguas tan especiales y transparentes que fue como mágico estar dentro de ella y poderse bañar. Estuvimos en una inauguración de una iglesia en donde la gente vestía con sus trajes y bailaban y cantaban de una forma nada comparable  con los espectáculos de cada noche que había en Bora Bora.

“Disfrutamos” de un chapoteo lleno de serpientes de mar que nos hizo salir del agua muy dignamente pero con la cara pálida y un ligero temblorcillo que nos delataba vilmente por muy dignos que fuéramos saliendo todos del agua y de la agradable compañía de Mamata,  que era la mujer de otro dueño del Yacht Club que no era más que una casa con una fantástica heladería al lado y en donde podíamos conectar nuestros ordenadores a internet. Bueno, mejor dicho, ellos podían conectar y yo iba pidiendo si me dejaban un ratito para consultar mi correo.

Aprovechando el consejo de nuestro “rutier” Oriol de Badalona, zarpamos de Niue con una buena ventana de viento para poder llegar a Tonga antes que un frente que estaba subiendo del sur. Todo fue perfecto hasta que estábamos a unas 15 millas del fondeo. Era de noche. Joan Antoni decidió esperar ya que las cartas de navegación no eran fiables. Decidimos dormir un rato. Soplaba viento fuerte. Cuando empezó a amanecer, pusimos velas a rumbo y el viento que en principio nos debía ayudar, se nos puso en contra. Aumentó hasta 37 nudos. Llovía a raudales. No veíamos nada. Talula no podía adelantar camino. Las olas nos empujaban  hacia la montaña. El tema se empezaba a complicar demasiado y no entendíamos que pasaba. Pero poco a poco, y con un poquito de mayor y de trinqueta, fuimos avanzando hasta conseguir entrar en la bahía donde la mar y el viento ya no era tan fuertes.

Equivocación!!!: no hay que esperar y aún menos cuando el viento va rolando de forma anti horaria. Eso quiso decir que el frente estaba encima nuestro y nos lo tuvimos que comer enterito. Se adelantó un día pero Talula y su capi, respondieron magníficamente y supieron mantenerse fuertes ante la “sorpresa del día”.

 Tonga. Aquí perdí el 31 de julio de camino a este archipiélago.

Ya llevamos una semana en una boya en Neiafu (capital de Vava’u). Lo primero que más me sorprendió fue la forma de vestir. Normalmente van de negro y los hombres visten con pareo.

Encima de la falda, se ponen una especie de arpillera que en el caso de algunas mujeres (los hombres también lo llevan y es indicativo de ir bien vestido) va desde el ombligo hasta los tobillos, pareciendo sacos en movimiento.

Las frutas y verduras son totalmente orgánicas. Las lechugas son tan grandes que incluso llevan flor y los pecíolos o tallos son como si fueran acelgas, teniéndolas que cortar bien pequeñito para no sentirse uno vaca rumiando pasto.

Finalmente hemos abandonado la tranquilidad de la boya para empezar a visitar los muchos  fondeos que hay en esta zona. Ayer aprovechando el sol que últimamente lo vemos pocas veces, fuimos a hacer snorkelling. En el canal vimos ballenas y lanchas a su alrededor por lo que decidimos hacer lo mismo. De primeras se nos acercó una lancha y nos dijo todo lo que debíamos y no debíamos de hacer antes de abandonar el lugar.  Una vez se fue, nos acercamos hasta otra lancha y nos mantuvimos detrás de ella. El espectáculo era increíble. Había como 10 personas al lado de la ballena y de su cría. Joan Antoni se decidió a saltar y a pesar de las protestas de uno de los tripulantes de la lancha, el se fue para allá. Y mientras yo disfrutaba viendo a la ballena y controlando al chinchorro, otra lancha me medio envistió por detrás a pesar de que parte de los turistas de la primera lancha, gritaron al ver como se me aproximaba. El tipo me empezó a decir que si no tenía licencia que debía de irme. Yo le dije que podía mirar y que en ningún momento, las autoridades me comentaron nada de esta “supuesta prohibición”. Era claro que estos señores estaban defendiendo su negocio y de una forma un tanto agresiva por este último, me decía que para disfrutar de este espectáculo, tenía que pasar primero por caja. Al final y cansada de discutir, le envié al “carajo” en un perfecto castellano que evidentemente él no entendió, regresó JA, y nos fuimos en busca de otro arrecife.

Así pues, hoy desde Nuapapu, un poco más tranquila y menos indignada y con un Joan Antoni orgulloso de haber estado tan cerca de un cetáceo que me “obliga” a tratarlo de usted, os dejo ya que voy a intentar pescar algo para la cena de esta noche.

Besos y hasta otro momento,

Laura

PD: un día después.

Al final no pesqué nada y la cena consistió en una fantástica tortilla de espinacas de lata para no perder la costumbre. Me refiero, para no perder la costumbre de consumir productos enlatados. Pero lo peor de todo es, que al lado del barco hay bancos enormes de crías de pececillos por lo que me paso todo el día oyendo a Suri ladrar a los peces más grandes que merodean por aquí al acecho de los más pequeñitos.

Ya ven, los veo, los oigo pero no puedo comérmelos…..cuanta tristeza para mi estómago maltratado.

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