11.07.2009 Mar, viento y piedras

11 julio 2009 en 2:33 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Rodeados de montañas cuyo únicos habitantes eran las rocas y las cabras, levantamos el ancla al amanecer envueltos en una atmósfera rosácea y de un viento suave que, una vez salimos de ese envoltorio casi “Warhol”, se convirtió en una pared de 28 nudos en nuestra cara. Para cortar distancias, cruzamos un pasaje de poca profundidad y muy estrecho. Aquí, el viento y contrariamente a lo que preveíamos, decidió disminuir un poco para que pudiéramos disfrutar de la vista sin tenernos que preocupar demasiado de las velas. Salimos de allí y con un buen viento y una ceñida descuartelada, continuamos haciendo un rumbo de WNW pero poco después, la alegría se acabó para volver dos horas más tarde, al mediodía, con mucha fuerza. Llegamos a Knidos. Un rompeolas sumergido hace que entremos con mucho cuidado y con la vista polarizada a la búsqueda de bajos y rocas. No hay problema. El fondeo es un salto a la historia. Anfiteatros y piedras por todas partes, nos cuentan que hace 2500 años y desde entonces, ese puerto no ha cesado de tener embarcaciones. Aquí hubo una ciudad floreciente y rica gracias al comercio. Ellas, las piedras, te lo dicen y tú lo único que debes de hacer, es imaginar y sentir. Fondeamos dos veces. El ancla no enganchaba lo suficiente así que con los patos, me voy al agua. Veo a la gente tan feliz bañándose que no me lo pienso dos veces y casi me muero. Estaba congelada pero claro, ellos vienen del invierno europeo y yo de los trópicos. Miro el ancla y cómo una rana, salto rápidamente hacia afuera y luego, cómo un lagarto, absorbo todo el sol que mi cuerpo pide. Qué rico. Mañana rumbo a Kos, la tierra que vió nacer a Hipócrates.

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11.04.2009 Hacia Hurghada

11 abril 2009 en 19:02 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Llegó el amanecer y todos los barcos estaban a punto para hacer el salto hacia la Marina de Hurghada.
Desayunamos, estibamos depósitos, revisamos mayor y levantamos ancla: hacia Hurghada.
30 millas nos separan de nuestro destino. 30 nudos de morro para variar y Talula, haciendo bordos con su nueva mayor.
Al atardecer llamamos a la Marina. Un auxiliar sale a buscarnos. Le pasamos los cabos y al cabo de un cuarto de hora, ya estamos atados a una boya por la proa y dos cabos en la popa con el muro.
Papeleo de entrada, ducha de agua caliente y pizza para cenar

28.03.2009 ¿NAVEGAMOS?

28 marzo 2009 en 18:03 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Él si y yo no. Yo no y él si y así, una y otra vez.

Desayunamos. Él dice: cometemos un error sino salimos hoy… Vale, digo yo: navegamos. Salimos de la Marsa, olas enormes nos dan la bienvenida. Saltándolas como mejor podemos, vamos avanzando. 25 nudos de viento: no está mal para empezar. Al cabo de una hora, ya son 30 y las olas empeoran. Vamos haciendo viradas porque claro, todo está, además, lleno de arrecifes que hay que esquivar y que con tantos borreguitos, apenas se distinguen hasta que están a media milla del Talula.
Estoy de mal humor. No me gusta esta situación. Todo salta de un lado a otro y yo no sé como ponerme.
Busco la guía y ojeo las marsas que hay más al Norte. Encuentro una: Abu Imama. Para allá vamos.
Y así, en un visto y no visto, nos plantamos dentro de este lugar rodeado de arrecifes espectaculares.
En la entrada, una barquita con pasajeros (al menos van 10), están fondeados esperando que baje el viento. Nos saludamos y continuamos hacia adentro. Encontramos el lugar que nos indica la guía. Parece bueno: fondo de arena con alguna que otra patata de coral. Nos aproximamos y ya está. En 2 minutos, el ancla está trabajando. Recogemos todo y a comer.

27.03.2009 AHORA “P’AQUI”, AHORA “P’ALLÁ”

27 marzo 2009 en 18:03 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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montaña de coral

Después de mirar el parte meteorológico, decidimos salir del fondo de la Marsa e irnos a la entrada, para así estar más cerca de la salida por si navegamos al día siguiente.
Miramos una guía antigua en formato CD y nos da un fondeo de 10 metros y fondo de arena. Vamos para allá.
Vemos la playa. Nos aproximamos. Un poco más le digo a Joan Antoni, más, más, y así reiteradamente. La profundidad no sube y la orilla está a 5 metros. Pero es que acaso hay que tirar el ancla en la orilla?.
Tiramos a 12m y toda la cadena disponible. Garreamos. Todo es una pendiente y el ancla se va al fondo. Lo volvemos a intentar. El molinete se para (está subiendo una cadena a pique que está a 30 metros). Yo voy de proa a popa cómo si fuera una carrera de obstáculos (saltando el freno de la botavara, la escota de génova y la de trinqueta, la línea de vida que también está en tensión, apartando la burda que me da en la cara….)y conseguimos levantar el ancla.

2º intento: tiro a 5 metros de la orilla. Fondeamos y con el auxiliar, voy a buscar el ancla. Mierda, se ha vuelto a ir al fondo del canal (matarile, lire…). Joan Antoni se pone los patos y nada. Fracasamos. Cogemos un cabo y el ancla de popa y nos vamos con todo a la playa. Mientras estamos tirando el cabo, vemos cómo Talula se nos va yendo. Recogemos corriendo el cabo y una vez a bordo  con casi todo el material, me voy a la playa a buscar el ancla. Salimos de allí con el corazón encogido y sin saber muy bien a dónde ir. Recuerdo un lugar. Vamos allá.
Finalmente, entre medio de rocas y corales, encuentro un agujero de arena. Tiro. El ancla engancha y respiro.
Hay más de 30 nudos de viento pero me da igual. Hoy podré dormir. Cansada y con ganas de salir del barco, Suri y yo nos vamos a tierra. Mi mirada se pierde a lo lejos. Solo quiero caminar. El viento es muy fuerte. La arena se me clava en el cuerpo y se me mete en la boca. Grito hasta quedarme sin aliento. Creo que es la primera vez que lo hago. De mi boca, sólo sale una palabra: padre.

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