29.07.09 Edgar

29 julio 2009 en 11:15 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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marina

Una vez más y en menos de dos semanas, vaciamos el cofre de popa por tercera o cuarta vez. Ya he perdido la cuenta. Desmontamos el brazo de Edgar. Con la cámara en mano, Joan empieza a “operarlo”. Rápidamente vemos el problema: los engranajes están gastados. Me voy a lavar ropa y poco después oigo a Joan Antoni renegar de la maldad de las cosas; ha perdido una arandela amarilla. Buscamos, removemos todo, vaciamos la aspiradora….nada. Sugiero la posibilidad de que se me enganchara en la planta del pie y que ahora pueda estar flotando ya que he estado trabajando con agua. Seguimos buscando como si no tuviéramos nada mejor que hacer. De repente, levanto mi brazo y está allí enganchada. Increíble la suerte que ha habido aunque Joan Antoni se empeña en acusarme de que la maldad está en mi y que la arandela hizo lo imposible para aferrarse y no perderse. Bromas del Jotita. Nos vamos a la búsqueda del recambio. Tarea difícil. Pasamos por una tienda de efectos náuticos. Nos informa dónde está el representante de Raymarine. Pregunto a una niña y nos acompaña a buscar el autobús que nos llevará a la terminal de Valetta para allí coger otro que nos dejará en Msida. Disfrutamos del viaje en estos autobuses antiguos y sofisticados. Divertidísimos. Me siento cómoda preguntando. La gente es amable. Todo es muy italiano. Llegamos y el recambio tardará 10 días en llegar. Imposible. Qué hacemos?. Nos vamos a la marina que hay en Msida y que es la más popular. La entrada no es muy afortunada pero poco a poco las cosas van cambiando y los señores que están allá nos ayudan. Encontramos una plaza para una semana. Biennnnnn!!!!. Aquí el precio es de 18E por día. Podremos visitar la isla. Ya más relajados, nos vamos a comer unas empanadas y volvemos al Talula. Están montando un escenario al lado del pantalán. Está noche habrá fiesta de barrio. Celebran San Lorenzo. Cenamos una pizza. Hay un hombre bastante borracho bailando. Nos mantiene entretenidos hasta que acaban echándolo. Paseamos y justo cuando decidimos irnos a dormir, acaba la fiesta. Perfecto. Mañana, cambiamos de marina y de isla.

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19.05.2009 Juntos pero no revueltos

19 mayo 2009 en 18:57 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Ayer fue un día de trabajos varios en el Talula.
El día anterior pudimos ver cómo la última cruceta de estribor bailaba más de lo normal cuando el barco estaba amurado a babor. Eso hizo que Joan Antoni ajustara todos los
obenques de ambos lados y subiera al mástil para hacer lo mismo con la cruceta.
Durante este proceso, fueron llegando barcos que se fueron situando a ambos lados del Talula.
De uno de ellos, pude entender sus comentarios acerca de nuestras banderas y por tanto de nuestra nacionalidad. Tras ser averiguada por la tripulación anglosajona vecina
(hecho que les supuso tiempo y esfuerzo), fuimos ya ignorados y aunque saludara al pasar por delante de sus veleros, no hubo respuesta de cortesía.
Bienvenidos a Europa!.
Curiosamente, esta misma mala educación y actuación por parte de los anglosajones, fue la nota predominante antes de abandonar Europa pero que cambió drásticamente, una vez entramos en Africa, Sudamérica y sobre todo en el Pacífico.
Pónganle nombre a ello; si quieren. Yo ya lo tengo.

13.04.09 Continuamos con lo mismo…

13 abril 2009 en 15:04 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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….por tanto, no hay mucho que contar. Tocó repasar las costuras de la funda del auxiliar con nuestra pequeña Singer, mantenimiento de Roberto Alcazar (cambio de bujía, del aceite de la cola, desalar y engrasar) y otra vez a pelearme con internet.
Por la noche apareció Pilar. Lleva 5 años navegando con su esposo Michele por el Mediterráneo y estos días, estamos compartiendo información ya que ellos quieren entrar al Mar Rojo y nosotros al Nostrum.
Luego decidimos ir a cenar a un restaurante recomendado por ellos y mientras comíamos en la terraza , presenciamos la discusión entre un taxista y otro conductor que al parecer, el primero, le había chocado por detrás. Menudo caos en cuestión de minutos y la policía, situada a sólo 10 metros, ni se inmutó.
Finalmente, el señor fue a buscarlos y estos con cara de querer trabajar poco, lo que hicieron, fue despachar al taxista y así evitar la disputa.
Muerto el perro se acabó la rabia.

12.04.2009 Monotema

12 abril 2009 en 19:30 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Ayer fue otro día más de reparaciones: ajustando los patines de la mayor, buscando agujeros en los flotadores del auxiliar, cambiando los remaches de la botavara….y así un largo etcétera.
Cuando llegó la noche y nuestros cuerpos no daban de más, nos fuimos a pasear un poco por la ciudad. La impresión un día después, es de agobio. Tienes que estar todo el tiempo pendiente ya que a la mínima, te levantan la camisa y uno cansado, es lo que menos le apetece hacer: pelearse.
Después de estar casi una hora buscando un restaurante que no fuera de hamburguesas, pizzas y todo el repertorio de fast food que ya conocemos, todo esto acompañado de turistas rusos cuya sensibilidad hacia los cánones de la cultura musulmana, quedaron en algún cajón de sus casas, nos fuimos a descansar y yo a pelearme un rato más con un precario internet que más que facilitarme la conexión con vosotros, me la complica a cada momento.

09.04.2009 Cambiando la mayor

9 abril 2009 en 19:06 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Después de 14 horas de sueño, tocó un día de reparaciones en la cubierta con un viento que por llevarse cosas, se nos llevaba también a nosotros.
Día duro, mucho trabajo, más nervios y todo ello en un equilibrio precario.
Mañana, más de lo mismo. Esperemos que la mayor de reserva se adapte bien y podamos navegar con ella.

13.03.09 DE DROMEDARIOS A FLAMENCOS

13 marzo 2009 en 20:34 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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5 de la mañana. El despertador suena: hora de levantar el ancla y empezar a navegar rumbo al NW. Todavía es de noche pero gracias a la traza que dejamos en el Max Sea, podemos navegar entre los arrecifes.
El viento está hoy con nosotros, así que podemos ir navegando hasta el siguiente fondeo: Shubuk Channel.
Pasamos el día disfrutando del Talula y del mar.
Me dispongo a lanzar a mi boquerón vanuatense. 10 minutos más tarde, un grupo de gaviotas intentan pescarlo. Yo lo único que puedo hacer es esperar que no lo consigan. Me molesta la perseverancia de las aves. Al final, se van. Al atardecer y antes de llegar al fondeo, decido recuperar mi boquerón. No está. Desapareció.
Mi mal humor se desvanece cuando tiro el ancla. La pequeña isla que nos protege del viento del Norte, tiene en su interior una laguna con flamencos todos ellos con pose estático y majestuoso.
Mientras voy pensando que hoy ha sido un buen día, me decido a levantar el auxiliar y así dejar que entre el aire por el camarote de proa. Un sonido metálico me advierte que el winch (wichi para algunos amigos; me gusta la palabra), ha salido disparado. Así que sin más preámbulo, toca repararlo antes de que anochezca.
Listo. Ahora una buena cena a base de verduras y carne molida y de postre, película.

16.07.2005 Brasil 1ª parte

16 julio 2005 en 21:48 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
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 Hace poco os contaba mi experiencia transatlántica y ahora busco en mi memoria experiencias de los más de tres meses que llevamos en Brasil.
Desde nuestra llegada hemos dividido nuestro tiempo en reparaciones y nuevas adquisiciones para el Talula y en navegar por la bahía y viajar al sur del país.
De la primera parte os puedo decir que, a base de hacer fundas, tapetes y otros trabajos, me he convertido en una “profesional” de la máquina de coser.


Y de la segunda empezaré por la ciudad en la que nos encontramos viviendo. De las cosas (entre muchas), que me llamó la atención a mi llegada fue su logo: “Sonría que está en Bahía” escrito dentro de un “smile”.
También sus gentes tan amables y sencillas; la cantidad de iglesias que hay en esta ciudad que según dicen, hay una por cada día del año; sus comidas a kilo en casi todos los restaurantes; sus paraditas de agua de coco y de caldo de caña de azúcar; la música que lo invade todo, sobre todo los martes en el “Pelourinho” que hay conciertos en todas sus plazas y callejuelas; el repicar de tambores y el

pitido que emiten los soldados de una base naval cada hora y que oímos desde el barco; escotes femeninos que desafiando a la gravedad parecen amígdalas perennemente inflamadas (idea de JA y que por cierto, no hay ni uno que se le escape de su campo visual); la experiencia casi suicida de ir en autobús por esta ciudad (si no llegas a tiempo a un asiento, despídete de mantenerte en posición vertical); las innumerables sectas que invaden todo este país siendo “la Iglesia Universal de Cristo” la más importante y a la que asistimos una tarde a su cede con capacidad para más de 4000 personas y en la que el personal, en cuestión de segundos se transformaban y entraban en estado de catarsis fulminantemente; la radio por las mañanas mientras tomamos batidos y más batidos de frutas, en donde las canciones sólo hablan del “meu coraçao” de “vosé”, de estar “apaisionado” y que de cada 5 palabras tres son éstas y la ascensión al Pelourinho a través de un ascensor llamado “La Cerda”, que está a 3 minutos de la marina y que en cuestión de segundos, pasas de la ciudad baja que es donde nos encontramos, al casco antiguo considerado uno de los más bonitos de Sudamérica y nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Pero no todo es apasionante positivamente ya que sin ser una ciudad demasiado peligrosa, una tarde noche, asaltaron a Joan Antoni en pleno centro: el tipo le cogió el cuello por la espalda y solo recuerdo que me tiré al brazo del hombre y le estiraba y le gritaba para que lo soltara; finalmente y tras minutos de forcejeo, le arrancó una cadenita que llevaba desde hacía 30 años y salió corriendo. Al final todo quedó en un susto y en una sorpresa para mí misma al verme peleándome como una leona con el tipo que atacaba a Joan Antoni…..nunca sabes cómo vas a reaccionar.
Después de un mes en Salvador y totalmente aclimatados, el Talula cogió rumbo a la Bahía de todos los Santos.


La verdad es que al principio fue un poco decepcionante, ya que los fondeos donde íbamos el agua era marrón debido a los ríos que desembocan en la bahía. Además, fueron días y días seguidos de lluvia y viento. De hecho, estuvimos una semana sin poder movernos de un mismo lugar a causa del mal tiempo. Al final, la ropa la teníamos que tender dentro del barco

 con lo que la sensación de claustrofobia era importante. Imaginaros si llovía, que en un mes no necesitamos ir a tierra a buscar agua. Con la que recogíamos del toldo, ya nos daba para cocinar, limpiar y ducharnos cada día con agua dulce; todo un lujo en esta vida de navegantes.

Finalmente abandonamos la bahía para bajar 40 millas al sur y visitar un archipiélago formado por varias islas en donde pude encontrar aquello que deseaba: kilómetros y kilómetros de playas con palmeras en la que eras tú el único habitante.


Aquí estuvimos unos diez días disfrutando de la tranquilidad de los fondeos, de los paseos por las playas, de los baños a todas horas, del agua de coco helado, de la visita en lancha rápida a través de canales de las islas de este archipiélago (imposible llegar a todas ellas con nuestro barco a falta de profundidad), de la persecución con la zodiac de delfines que pasaban de nosotros totalmente; de las moquecas de camarón y del buen tiempo que al final tuvimos.
Y tras nuestro regreso a la marina, cogimos nuestra mochila, un autobús y en 27 horas, estábamos en Río de Janeiro. Desde Pao de Açucar como desde el Cristo en el Corcovado pude admirar la belleza de esta ciudad y sobre todo, la espectacularidad de su enclave.

Está rodeada de montañas basálticas que una vez dentro del mar, emergen en forma de “Paos de Açucar” de dimensiones más reducidas.
Paseamos por su centro financiero, por el casco antiguo rebosante de vida comercial y de bullicio, comimos a todas horas “salgados” de queso y de carne, visitamos sus playas llenas de garotas y garotos lanzando pelotas con el empeine de sus manos y observamos con curiosidad  a todo el personal corriendo por Copacabana e Ipanema  y sobre todo, a señoras paseándose con perros que llevaban zapatos rosados y lazos por todas partes al lado de mendigos que pedían algo para comer.
Después de Río, cogimos otro autobús hacia Minas Gerais, un estado que está al noroeste de éste último.
Aquí pasamos unos cuantos días visitando un pueblecito llamado Ouro Preto que es una preciosidad.

Es un pueblo colonial, lleno de iglesias y con todas sus calles adoquinadas y donde, por la noche, la temperatura bajaba lo suficiente como para dormir con tres mantas.

El primer día nos fuimos rápidamente a comprar ropa de abrigo y, por las noches, íbamos con calcetines gruesos y sandalias de tiras a lo “guiri guiri”, aunque luego, entrábamos rápidamente en calor con los caldos que son típicos de esta zona y que están riquísimos.
Y después de pasar unos días subiendo y bajando calles y de visitar minas de oro con lagos interiores (antiguamente en esta zona se explotaba el oro, la plata y piedras preciosas), volvimos a Salvador ya que el presupuesto no daba para más como tampoco da para más mi memoria y vuestros ojos con tanta parrafada.
“Moitos besinhos” desde esta tierra fantástica donde cada día estoy más convencida de que vale la pena luchar por los sueños,
Laura

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