15.01.2005 Gambia

15 enero 2005 en 19:02 | Publicado en Empezamos | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Después de tanto tiempo sin ponerme delante de un ordenador, me siento un poco rara y aún más, al tener que recuperar la memoria de todo aquello que me ha sucedido desde que dejé la Gomera.
Después de varios incidentes y con retorno incluido a la Gomera a 90 millas de ella, la dejamos finalmente el 13 de enero. La travesía hasta Dakar duró una semanita en la cual hubo un poco de todo: mucho viento, calma absoluta, vientos variables de todo tipo (estando ya en la ruta de los  Alisios, es decir, viento constante del noreste) y tormenta de tierra -Harmattan- procedente de Mauritania. Tal vez este fuera el mayor problema, ya que duró los tres últimos días y la visibilidad que teníamos no superaba una milla, por lo que las guardias de noche fueron bastante durillas. No podíamos dormir ni siquiera los 15 minutos de rigor, ya que cuando menos te lo imaginabas, aparecía un mercante. Estábamos en una ruta bastante transitada. Además ya os podéis imaginar como quedó el pobre Talula, que incluso nos costaba bajar la mayor de la cantidad de polvo que había en sus patines.
Finalmente llegamos a Dakar y fuimos a fondear a la bahía de Gorée. Aquí se encuentra un local llamado CVD, que es una especie de asociación francesa que ofrece una serie de servicios, entre ellos, duchas y una canoa que te lleva desde tú barco al pantalán y viceversa. Solo tienes que gritar y sonar una trompetilla durante media hora y mover los brazos como molinos para que vengan a buscarte, pero….que supone media hora en Africa?  La verdad es que el lugar es bastante curioso ya que es un especie de comuna en el que incluso las duchas no están diferenciadas por sexos….todo el mundo juntos pero no revueltos. Pero bueno, el ambiente es muy agradable y te sientes rápidamente muy cómoda en el lugar.
Aquí estuvimos una semana visitando Dakar, descansando un poco, y como no, sacándole a cubazos la arena al Talula.
De allí partimos hacia Gambia, no con un poco de penita y de inquietud, ya que navegar el río Gambia, sabíamos que no sería fácil y aún menos para un barco que cala 2’10m. Pero la decisión ya estaba tomada y con visado en mano, partimos un atardecer de Dakar para llegar al amanecer a la desembocadura del río y a
su capital, Banjul, para realizar los trámites de entrada a este nuevo país. La llegada fue cómoda siguiendo las indicaciones de la guía y de la carta de navegación. Paramos en Banjul y después de ir de arriba a abajo y de que nos marearan por todas partes, no conseguimos acabar con toda la burocracia. Jota peleándose con el personal y yo corriendo a buscar un banco para cambiar dinero. Llego tarde pero el hombre de seguridad de la puerta me dice que “no problem” y “one moment”. Van pasando los minutos. Sale un hombre con el que había hablado el de seguridad previamente y le entrega rápidamente un fajo de dinero al de seguridad. Yo empiezo a ponerme nerviosa. Desconozco a cuanto está el cambio y lo peor, es que aparecen tres hombres con los que tengo que negociar delante del banco y también de la policia que estaba al otro lado de la calle. Le digo al de seguridad que me deje cambiar dentro del banco pero él insiste que está cerrado. Finalmente me resigno y con fajo en mano (por cada euro te dan 40 Dalassis), me voy otra vez a la autoridad portuaria en donde JA me espera con cara de pocos amigos…hemos llegado tarde y por tanto, el lunes tendremos que regresar para pagar. Salimos corriendo río arriba para ir a fondear a un arroyo del río y poder descansar y coger provisiones…y es aquí cuando empieza la aventura. El río es navegable en función de sus mareas (entrada y salida de agua del mar, por tanto, marea alta y baja). Aunque la marea estaba alta y seguíamos las indicaciones de la guía al pie de la letra y sin parar de mirar la sonda que te va indicando la profundidad que hay debajo de tú quilla, de repente estábamos a 0.0. Sin saber muy bien qué hacer y con auténtico pánico de tocar fondo, fuimos saliendo y llegamos a la entrada del arroyo. La verdad es que el paisaje era alucinante: todo manglar

y nosotros en medio de un canal oyendo el ruido de las aves e introduciéndonos en una maraña de canales que cada vez se iban estrechando más y también iban perdiendo profundidad. Cuando estábamos a menos de una milla del fondeo, finalmente nos quedamos enganchados en el barro. Jota dando marcha atrás y el barco no se movía. Se nos congeló la sangre a pesar de estar empapados de calor. Al final y poco a poco, el barco fue saliendo del barro y consiguió estar otra vez a flote. Me temblaba todo el cuerpo. Llegamos al atardecer y no os podéis imaginar la alegría que teníamos de haberlo conseguido. Brindamos con un gin tonic mirando la puesta de sol y oyendo a la naturaleza en medio de los manglares. Pura magia.


Una vez solucionado todos los trámites, partimos río arriba no sin habernos enganchado otra vez en el fondo cuando volvíamos a Banjul. Buscábamos el canal de navegación y obviamente no lo encontramos hasta que un pescador nos lo indicó. Pero bueno, salimos y empezamos a remontar el río.
Y desde entonces continuamos navegando por él. Hemos remontado unas 170 millas (durante las 120 primeras, el agua continuaba siendo salada), hemos visitado poblados,

hemos visto hipopótamos, monos de diferentes clases, una variedad inmensa de pájaros, hemos fondeado en medio del río cada noche y cada fondeo cada vez más espectacular, hemos escalado una montaña roja para ver la puesta de sol,

contemplar el río desde las alturas y conocer la sabana africana, hemos saludado a todos los pescadores que nos encontrábamos en medio del río….y así un largo hemos. La verdad es que ahora que empezamos a descender, me empieza a coger un poco de melancolía. Estamos viviendo cada día en medio de una naturaleza salvaje y llena de encanto y cada vez me cuesta más recordar de donde vengo. No os podéis imaginar lo emocionante que es ir con la Zodiac al atardecer por canales estrechos para observar a los pájaros, a los monos y encontrarte a 300 metros con un grupo de hipopótamos…..creo que no se puede explicar. JA con su super equipo fotográfico se ha cansado de fotografiar y yo he hecho lo mismo con la cámara de vídeo. Tampoco puedo olvidar la tortura de la mosca Tse-tse, que me han dejado las piernas llenas de agujeros. Aquí uno medicándose cada día para no coger la malaria (curiosamente apenas hay mosquitos, estamos en la época seca), y al final lo que engancharé será la enfermedad del sueño.
De aquí a dos semanas hacemos el gran salto: 1700 millas hasta Salvador de Bahía (Brasil). Supongo que desde allá ya os explicaré el cruce del Atlántico. Sin comentarios sobre mi barriga, ya os  lo podéis imaginar.
Mil besos a todos y doy la bienvenida a “pepitaverano”, que por fin ha conseguido instalarse internet en casa para estar en contacto conmigo. Me refiero a mi madre, que con 72 años, se ha puesto delante del ordenador y ha logrado superar la barrera de la informática sólo por estar un poco más cerca de mi. Es bonito no?.
Hasta pronto,
Laura

Anuncios

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.