30.09.09 A un día

30 septiembre 2009 en 11:01 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Esto es lo que falta para completar el círculo: un día. Ayer salimos finalmente de Roses con dirección a Palamós. No había viento pero el poco que hubo, nos ayudó a mantener al menos las velas y llegar al destino. Una vez detrás del rompeolas del puerto de pescadores, cogimos una boya que nos dejó un barquito que había salido para tomar un poco el sol. Ya amarrados, me dediqué a contemplar el pueblo de Palamós mientras desgranaba una granada para la ensalada. Todo lo hacía lentamente. Pensaba en el tiempo y en el espacio. Reiteración. Sigo sintiendo este viaje cómo un sueño: irreal y mágico. Un gran letargo que me ha llevado a lugares donde el ser humano convive en paz con su entorno; donde la vida se vive con calma y tranquilidad; donde las malas caras no caben en ese mundo amable y sosegado; donde la conciencia de lo que somos y a donde vamos, se vive con plenitud y sin miedo. Donde un gran DONDE cohabita con sus gentes. Mañana nos espera el Port Olimpic. Mañana cerraremos el proyecto Talula. Mañana diremos adiós a muchas cosas para empezar otras. Mañana diré…no sé lo que diré. Sólo sé que intento deciros que pienso o siento y lo único que me vienen son lágrimas a los ojos. Cómo duele decir adiós a lo que me ha dado tanto; a lo que me ha hecho ser más persona; a lo que me ha ayudado a superar mis miedos e incertidumbres. En definitiva, a lo que me ha ayudado a ser libre. Cómo duele.

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09.09.09 Intento fallido

9 septiembre 2009 en 17:59 | Publicado en Diario de a bordo | Deja un comentario
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Bien tempranito y bajo la atmósfera etílica que desprendía Mahón a eso ya de las 9 de la mañana, aproveché para “robar” un poquito de agua y enjuagar la última tanda de cosas saladas en un pantalán flotante. Luego tocó pasear a Suri y más tarde, bajar a tierra y buscar un centro de telefonía móvil. Fracasamos. Todo cerrado.
Al atardecer nos fuimos a ver la carrera de caballos en plena calle central de la villa. No dejo de sorprenderme ante tanta tradición alrededor de los caballos en esta isla. Cuando finalizó, paseamos por el mercado gastronómico y tras segregar saliva en abundancia, nos fuimos al Talula.
Por el camino, nos cruzamos con un adolescente a punto de entrar en coma etílico o al menos eso yo pensé. Éste, sufrió una caída tal que se golpeó la frente con una pared y luego rebotó y se volvió a golpear pero esta vez en el ojo. Lo incorporamos como pudimos y al ver que no me respondía a mis preguntas, fuimos a buscar una ambulancia. Encontramos a la policía local y les informé. Después de una sonrisa por parte de uno de ellos y de las gracias, nos fuimos sin tener muy claro si harían algo. Curiosamente y tras la presencia de otras personas que no querían acercarse al muchacho, empecé a sentirme mal. No entendía la pasividad ciudadana y en definitiva, el prejuicio ante el juicio inconsciente que emitimos cada uno de nosotros pensando que al fin y al cabo, él se lo había ganado. Me enfado, no puedo evitarlo.
Una vez en el Talula, el desasoseigo iba en aumento ya que una de esas cosas que he aprendido a lo largo de este viaje, es a implicarme en la vida y a permitir que las cosas me afecten y que nada me sea indiferente. Es algo de lo que estoy contenta por haber incorporado y que procuraré contagiarlo.
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